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17 noviembre, 2021

Hipocresía verde: Cómo los aviones privados y vuelos ejecutivos atentan contra el cambio climatico

De los diferentes medios de transporte, está comprobado que el avión es el más contaminante con 285 gramos de CO2 por kilómetro y pasajero. El coche emite 104, la moto 72 y el tren 14. Todos también por kilómetro y pasajero.El tema en cuestió es cuando un avión emite esa contaminación sólo para transportar a uno o un puñado de pasajeros sencillamente por comodidad, operatividad y lujo sin ‘pagar’ ese precio que deben amortizar todos los demás habitantes del planeta.
De hecho, los viajes ejecutivos no están entrando en sintonía con los planes de la industria aerocomercial a nivel mundial, que buscan reducir las emisiones generadas por la actividad, ni están dandose siquiera por aludidos. Una de las imágenes más contradictorias de este problema planetario que los líderes mundiales abordaron en teoría pero violaron en la práctica en la COP16, fue el enorme despliegue de jets privados y vehículos que utilizó cada uno de los participantes con el consiguiente impacto en Glasgow y el Planeta, mientras se elaboraban recetas verdes para el resto de los habitantes y se debatía que medidas adoptar para no seguir exterminando la vida en la Tierra.
Lejos de ese encuentro declamativo, y más lejos de ir controlandose o arancelando prácticas que impactan fuertemente como el uso de aviones privados, nada se dispuso en ese sentido peso a los datos del fuerte impacto aéreo en las emisiones contaminantes en general y las innecesarias ´huellas aéreas individuales´que sólo justifica el despliegue de lujos, egos y poder de un sector.

Por ahora todo está en planes. Según un análisis publicado por Reuters, en el que asegura que algunas empresas como el banco HSBC, la aseguradora Zurich, la consultora Bain & Company, y la compañía de procesamiento de información S&P Global anunciaron recientemente que planifican reducir sus viajes ejecutivos en avión en un 70% a corto plazo.

Esto evidencia la necesidad de multiplicar los esfuerzos para promover un futuro de la aviación sostenible, en el que las operaciones crezcan y sean rentables, pero que el impacto ambiental de las mismas esté reducido al máximo. Esto se profundizará aún más en la medida que los pasajeros y las empresas le demanden al sector soluciones al respecto.

Los vuelos en clase ejecutiva contaminan tres veces más que en clase económica, principalmente por el espacio que ocupa cada asiento, que le resta eficiencia al viaje. Del mismo modo, los viajes privados representan un problema en términos de eficiencia para el sector. Según un informe de la organización Transport & Environment (T&E) los aviones privados son 10 veces más intensivos en carbono que los aviones de pasajeros por término medio -en relación a la emisión de CO2 por pasajero por kilómetro recorrido-, y 50 veces más contaminantes que los trenes,

Recientemente, en el marco de la 77a Reunión General Anual de la Asociación Internacional de Transporte Aéreo (IATA), que se llevó a cabo en Boston, Estados Unidos, y que contó con la cobertura especial de Aviacionline, se aprobó una resolución para que la industria del transporte aéreo mundial logre emisiones netas de carbono cero para 2050.

Primera Clase – Aviones que impactan fuertemente en el clima por pasajeros que buscan exclisividad y lujos que no pagan en proporción a lo que contaminan

Según un comunicado emitido por IATA, dicho compromiso exhorta a todas las partes interesadas de la industria a abordar el impacto ambiental de sus políticas, productos y actividades con acciones concretas y plazos claros, que incluyan:

  • Empresas productoras de combustible que aportan al mercado combustibles de aviación sostenibles (SAF) a gran escala y con costes competitivos.
  • Gobiernos y proveedores de servicios de navegación aérea que eliminen las ineficiencias en la gestión del tráfico aéreo y la infraestructura del espacio aéreo.
  • Fabricantes de aviones y motores que producen tecnologías de propulsión y de fuselaje radicalmente más eficientes; y
  • Operadores de aeropuertos que brindan la infraestructura necesaria para suministrar SAF, al costo y de manera rentable.

Hay datos que a su vez exponen que el ecosistema de la aviación comercial a nivel mundial -aerolíneas, proveedores, fabricantes, gestores aeroportuarios, entidades gubernamentales y de la sociedad civil, entre otros- vienen dando buenas señales respecto al impulso de una aviación sostenible hacia el futuro. En ese contexto, surge la necesidad de pensar y definir estrategias en el segmento de la aviación ejecutiva, que según el análisis de Reuters, el 90% de los viajes corporativos son en vuelos.

Según la información publicada por la agencia de noticias, desde Bain & Company aseguraron que apuntan a reducir los vuelos ejecutivos en un 35% por empleado durante los próximos 5 años. Por su parte, desde S&P Global informaron que, tras analizar los movimientos de sus empleados, notaron que el 42% fueron para mantener reuniones internas, por lo que se comprometieron a reducir sus emisiones por viajes en un 25% hacia 2025.

El anuncio de reducción de viajes ejecutivos por parte de algunas empresas probablemente represente un impulso para que la industria de la aviación profundice las iniciativas de reducción de las emisiones de sus operaciones y ofrezca soluciones a sus clientes corporativos que sean, a la vez, amigables con el ambiente.

 

La hipocresía verde

 

Sin embargo, más allá de estos esfuerzos sectoriales y de las declamaciones de los rincipales países, la práctica no se condice para nada con la teoría. Lejos de empezar por el principio, los líderes mundiales que se reúnieron en Glasgow recientemente mostraron su faceta más contradictoria e hipócrita respecto al verdadero comrpomiso con el clima del Planeta. Aroximadamente 400 aviones privados fueron llegando a la COP26 durante su mediática reunión generando verdaderos atascos aéreos, tal como fue detallando The Times y Daily Mail, mientras sus ocupantes no tuvieron reparos en dar cátedra al resto de la población mundial de cómo deben vivir sin contaminar y cuáles serían las soluciones institucionales.

En la cumbre del Clima, la máxima fueron más de 400 jets privados emitiendo sus gases contaminantes para desplazar a los líderes que debían ananlizar que hacer con el planeta

 

Jeff Bezos, el fundador de Amazon, encabezó ese ‘desfile’ de impacto en su Gulf Stream de 48 millones de libras esterlinas (56.463.931,26 euros), con el príncipe de Gales, el príncipe Alberto de Mónaco y docenas de jefes ejecutivos «con mentalidad verde», que también llegaron en avión privado, mientras un extraordinario atasco obligaba a los aviones vacíos a volar 50 kilómetros para encontrar espacio para poder aparcar.

Se cree que Carlos de Gales viajó desde Roma, donde había asistido al G-20 junto con el primer ministro británico Boris Johnson, y que voló vía RAF Brize Norton, donde podría haber recogido a la duquesa de Cornualles. Un portavoz de Clarence House defendió la decisión del príncipe de volar a la conferencia sobre el clima. Dijo: «Su Alteza Real ha hecho campaña personalmente a favor de un cambio hacia un combustible de aviación sostenible».

Se calcula que sólo el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden generaró 2,2 millones de libras de carbono para llegar a la cumbre, gracias a una flota de cuatro aviones, el helicóptero Marine One y una enorme comitiva que incluyó a The Beast y numerosos todoterrenos. Una de de las imágenes más contradictorias y extremas en este sentido fue la llegada del mandatario en un convoy de 85 que desfilaron por Roma emitiendo sus gases, para que Biden mostrara presencia en la agenda climática en la cumbre del G-20.