ChubutLine.com "Periodismo Independiente" - Noticias, política y un análisis de la realidad diferente - directora@chubutline.com - redaccion@chubutline.com



2 abril, 2022

Se cumplen cuatro décadas de la clausura de Noticias Argentinas por parte de la dictadura militar

Durante la Guerra de Malvinas, NA fue clausurada por una orden del represor Leopoldo Fortunato Galtieri. Fernando Aguinaga, ex secretario de Redacción de la agencia, recuerda ese episodio de censura.

Se cumplen cuatro décadas de la clausura de Noticias Argentinas por parte de la dictadura militar

Noticias Argentinas (NA) fue clausurada por «tiempo indeterminado» en junio de 1982, aparentemente por difundir informaciones vinculadas a las acciones militares en el Teatro de Operaciones del Atlántico Sur (TOAS), constituyéndose en la única agencia y uno de los tres medios cerrados por la dictadura militar durante la Guerra de Malvinas.

Sin embargo, la penitencia se prolongó durante tres jornadas, desde el 4 al 7 de junio de aquel año, las que no se ven reflejadas en el decreto publicado en el Boletín Oficial, diez días después de levantada la sanción, firmado por el dictador Leopoldo Fortunato Galtieri, y quien lo sucedió transitoriamente luego de su renuncia tras la derrota en las islas, Alfredo Oscar Saint Jean. El decreto admite sólo dos días de la vergonzosa medida, que generó la reacción y presión de la prensa nacional e internacional.

 

 

Por Fernando Aguinaga

La noticia fue replicada por los diarios argentinos.La noticia fue replicada por los diarios argentinos.Foto NA.

 

Testimonios coincidentes dan cuenta del desconcierto de los militares acerca de los motivos por los cuales la agencia debía ser sancionada, pero las advertencias llegadas en «on» y en «off» desde la Casa de Gobierno a la dirección de la agencia poco más de un mes antes, a través de la Secretaría de Información Pública, a cargo del dirigente conservador y diplomático Rodolfo Baltiérrez, y desde el Estado Mayor Conjunto (EMC), hacían prever esa medida.

Tales advertencias de los militares permitieron que a las pocas horas de puesta la faja de clausura en la puerta de la redacción, en el primer piso de Chacabuco 314, la agencia montara una transmisión de emergencia y clandestina.

La decisión empresarial hizo que tanto redactores como reporteros, teletipistas y mensajeros nos mudáramos al edificio del Diario Popular en Avellaneda, mientras que la cobertura para los medios del interior del país se hizo a través de las corresponsalías de los diarios La Capital de Rosario y El Día de La Plata.

«Te van a clausurar la agencia», fue la advertencia recibida la mañana del 4 de junio por el director periodístico Raúl García de boca de Baltiérrez desde la Casa de gobierno. García atribuye la clausura a una «acumulación» de motivos que irritaban a los militares y recuerda que en sucesivas reuniones a las que se lo convocó junto a directivos de medios de prensa en la sede del EMC, en Azopardo 250, se les pedía «colaboración» y se daban «enfáticas recomendaciones a no revelar secretos militares», entre ellos, datos sobre el clima en Malvinas.

Lo cierto es que, según fuera el interlocutor militar, el castigo comunicado de manera «verbal» el 4 de junio podía trepar hasta los diez días de clausura.

El EMC estaba conformado por altos mandos de las tres Fuerzas Armadas y tres semanas después de iniciadas las acciones dio a conocer una acta a la que debían atenerse los medios, la que implicaba, en sí misma, un acto de censura y/o autocensura respecto de la difusión de información referida a la guerra.

Se establecía que «debía evitarse difundir información que produzca el pánico, que atentara contra la unidad nacional, que reste credibilidad o contradiga la información oficial» o «que pueda generar disturbios sociales que alteren el orden interno». También se prohibía la difusión de la información que «proviniendo del exterior, exalte el poderío bélico británico y/o minimice el propio» o que «sin previa autorización del Estado Mayor Conjunto, haga referencia a unidades militares, equipos y/o personal militar».

De haber tomado estado público, lo que sí ocurrió tiempo después, se hubiera sabido que la «Task Force» británica no tardó en aprovisionarse y cumplir las órdenes de Margaret Thatcher de partir rumbo al Atlántico Sur.

Sus tropas de paracaidistas hacía 48 horas que habían regresado de cumplir maniobras de la OTAN en Noruega y todo el flanco norte de Europa, por lo que se constituyeron en la unidad principal en la recuperación de Puerto Argentino.

Por otra parte, estaba la columna de los temerarios soldados nepaleses Gurkas, a quienes se sugirió enfrentar, desde los mandos militares argentinos y desde los medios, con los jóvenes conscriptos correntinos («cuchilleros» decían).

En ambas columnas, recuerda García, había francotiradores equipados con fusiles de visión nocturna hasta entonces desconocidas por las tropas argentinas, por lo que, más allá de aquella ilógica argumentación respecto de los motivos de la clausura por «revelar» el estado del tiempo en el Atlántico Sur, el solo hecho de haber difundido todos estos datos, recogidos de una revista en la sala de esperas del edificio militar, se «justificaba» la medida.

WhatsApp_Image_2022-03-31_at_4.47.30_PM.jpegLa faja de clausura que intentó callar a NA durante la Guerra de Malvinas.

 

Armando «Melena» Torres, quien por entonces repartía sus funciones como secretario de Redacción y como periodista deportivo en la cobertura del Mundial de fútbol de España, recuerda con precisión un episodio ocurrido el domingo 9 de mayo, un mes después del desembarco de las tropas en Malvinas.

Ese día recibió una convocatoria del EMC dirigida a la dirección de la agencia para que se presente urgente en el edificio de Azopardo. En un vertiginoso raid, Torres, quien acababa de regresar de Europa, donde organizaba la cobertura del Mundial, pasó a cubrir la marcha de la CGT del 30 de marzo y la plaza de Galtieri, 72 horas después.

«Ese día, las noticias estaban centradas en la trágica muerte de Giles Villeneuve durante las pruebas de una carrera de Fórmula 1 en Bélgica. Como no estaban las autoridades tuve que ir yo; el ‘milico’ que me recibió se sorprendió, con 29 años, fui muy desprolijo», comenta. «Primero, con tono autoritario me preguntó si quería ver en el noticiero el accidente de Villeneuve y después me advirtió que en la siguiente violación de las normas de guerra en materia informativa iban a clausurar la agencia», rememora.

Torres asegura que en ningún momento el militar, con grado de coronel, le dio motivos concretos acerca de esa posibilidad. El periodista viajó luego a España y no estaba en la Argentina cuando se cumplió aquella sentencia. La mañana del 5 de junio de 1982 se presentaron un fiscal y efectivos de las Policía Federal a cargo de un comisario con el propósito de hacer efectiva la clausura y la fotografía de García y los policías que desalojaron la agencia tuvo amplia difusión.

«Noticias Argentinas -asegura Torres- se caracterizó desde siempre por procurar las noticias antes que los demás medios y presentarlas de una manera objetiva y profesional. El cúmulo y el flujo de la información generado alrededor de la guerra puso a prueba la verdadera capacidad de la agencia para mantener ese estándar tan elevado», aporta Torres, en algunos de los párrafos de un libro en elaboración, en el que cuenta sus vivencias de entonces.

Clausura o allanamiento

 

García rememora, entre los hechos consultados para esta nota, una anécdota que podría no haber sido tal, porque podría haber terminado muy mal. Entre los «desalojados» de aquel día se encontraba el periodista Carlos Rodríguez, de vasta trayectoria en la profesión, responsable de la mayor recopilación para NA de hechos vinculados con la represión y la dictadura y los Derechos Humanos.

El comisario de la Federal a cargo del operativo de desalojo obligó a Rodríguez a vaciar su bolso con libros y papeles, y sentenció que se trataba de «material subversivo».

Ni lento ni perezoso, García encaró al fiscal interrogándolo acerca de si se trataba de «una clausura o un allanamiento», tras lo cual el funcionario judicial obligó al uniformado a devolver los libros y dejar salir a «Carlitos».

Cómo funcionó NA durante la clausura

 

La «mudanza» transitoria a Avellaneda provocó un sinnúmero de incomodidades, ya que desde el confortable piso céntrico recién estrenado, nos tuvimos que acomodar en un entrepiso y en alguna dependencia más del «Popu».

Las copias de los cables nacionales y fotografías para los medios locales eran distribuidas en sobres por el eficiente equipo de mensajería de NA («Flecha», «Quique» y «La Pequeña Lulú»), en tanto el servicio diario, tanto de teletipos como fotográfico e internacional, se retransmitió esos días desde las corresponsalías en Buenos Aires de El Día y La Capital de Rosario.

No falto de picardía, cuando se comunicó el levantamiento de la sanción la agencia, el director ya tenía todo preparado para salir al aire.

Las brillantes coberturas que hicieron de distintos capítulos de la guerra mis queridos «maestros» de periodismo Federico Vergara (desde Cuba) y Osvaldo «El Ciego» Gazzola (desde el sur del país) figuran en los anales del periodismo de agencia. Durante años, la faja enmarcada en dorado y puesta debajo de un vidrio fue exhibida como un trofeo de guerra, que se perdió en la noche de los tiempos y nada más se supo de ella.

 

*NA