UNA PRODUCCION DE



No hay vacuna para la pandemia electoral  3 octubre, 2021


No hay vacuna para la pandemia electoral 
COMPARTIR

La pandemia electoral desordena al oficialismo, que reacciona desarmando las posiciones en las que habría afirmado su diferencia con la oposición. Todo lo que era malo ahora es bueno, y al revés. Si fuera tan fácil, con simplificaciones así todos tendrían asegurado el triunfo.

Por

 

Esa táctica descansa en una comprensión viscosa de los mensajes. Estos no valen por lo que dicen, sino por lo que aporta quien lo emite y quien lo recibe. Las primarias demostraron que hay un electorado sordo y un oficialismo afónico.

El jueves cayó el último baluarte del cristinismo, que era el protocolo de sesiones virtuales en el Senado. Lo reclamó la oposición en las dos cámaras, y volvió a ganar la batalla. Coincidió con la asistencia de Cristina, por primera vez, a una reunión del bloque de su partido.

No es una formalidad: la imposición de debate remoto de las leyes fue el capítulo legislativo de la política de control social que emprendió el gobierno en marzo del 2020, y que fue derrotada en las primarias del 12 de septiembre.

En esta aparición en el bloque, explicó que el país se abre a todo, y que el decreto de virtualidad firmado por ella en agosto había quedado viejo después de la derrota electoral.

Como ocurrió en otros países, los EE.UU. de Trump o la Alemania de Merkel, el público rechazó a los gobiernos que debieron enfrentar a la peste. Explica el resultado de unas primarias que ni el gobierno cree que pueda revertir en las generales del 14 de noviembre.

La política de control social fue el aporte argentino a la liga de países autoritarios, que aprovechó la peste para un último intento de recuperación de poder político, el insumo crítico del sistema occidental.

Le sirvió para asegurarse el quórum y mayorías en las sesiones, y para quebrar la esencia de la vida política, que es la construcción de confianza y la negociación cara a cara. Cristina y Massa han dedicado un año y medio a resistir frente a los reclamos de la oposición para el regreso a la presencialidad. Fueron perdiendo todos los rounds hasta este final que es otro efecto de la derrota en las primarias.

 

 

“No tenés retorno”

 

 

Cuando colapsaba la campaña de Trump para las presidenciales del año pasado, su comando pidió un consejo al legendario Dick Morris, asesor que fue de Clinton y de De la Rúa.

«Si te perciben como que has fallado ante una crisis, no tenés retorno. Pensá en Neville Chamberlain o Herbert Hoover”, sancionó Morris en un mail al recordar al premier británico que negoció con Hitler o los desaciertos de Hoover ante la Gran Depresión.

El relato está en el libro «Peril», de Bob Woodward y Robert Costa (NY: Simon & Schuster, 2021), que puede leerse como un manual de aciertos y errores en una campaña con lecciones frescas para entender procesos como el de la Argentina.

Más allá de las hipótesis que improvisan los protagonistas, algunas mediciones explican más que mil palabras. El Covid Resilience Ranking de la agencia Bloomberg, por ejemplo, coloca a la Argentina en el número 47° en la lista de los 53 países en donde mejor o peor se ha vivido la peste. Combina 12 variables, como la calidad del servicio de salud, la cantidad de vacunados, los índices de mortalidad, la apertura de las actividades y de las fronteras, etc.

Esos 53 países son las economías más grandes del mundo -un lujo estar entre ellas-, pese a que en Argentina la mitad de la riqueza de la Nación está fuera del sistema. Alemania y Estados Unidos quedaron arriba de la Argentina (puestos 15° y 28°), pero el voto igual arrastró a Merkel y a Trump.

Es el destino de los gobiernos que tienen que enfrentar guerras o agresiones bélicas como la peste Covid. Es una fatalidad contra la que no hay remedio. En la antigüedad, el sistema clásico hubiera justificado un estado de excepción y la convocatoria a un dictador para que resistiese en nombre del conjunto hasta que pasase la emergencia. La democracia de esta época no resiste ese tipo de salidas.

 

 

Contra reloj

 

 

A esa causal simplísima hay que agregar otras que los jugadores de las generales de noviembre buscarán aprovechar. Una es la economía, que viene mal desde 2018 y que ha permitido que la oposición siga sumando votos.

En la provincia de Buenos Aires, más allá de los porcentajes que son tramposos en unas primarias en las que no hubo competencia entre partidos, Juntos por el Cambio siguió sumando votos. En ese distrito aumentó más de 20 mil desde las PASO 2019.

El gobierno confía en que la suelta de fondos de estas horas le llegará al público antes del 14 de noviembre. Puede ser que algunos pesos lleguen al bolsillo. Pero es difícil que lleguen a la conciencia de los votantes con tanta eficacia que los lleven a poner el sobre en favor del gobierno. En el propio gobierno son escépticos, pero igual ensayan el camino.

 

 

Botoneras agotadas

 

 

“Estamos tocando botoneras que hemos tocado antes de las PASO. No sé por qué van a funcionar ahora”, se escucha en los pasillos de la Rosada. Además, ¿cuánto tarda una receta de este tipo en llegar al destinatario? Después de Navidad.

El propio Manzur no se calla un primer diagnóstico, que se ha escuchado en su oficina: “Acá nadie trabajaba, cumplían horario de bancarios. De 7 a 14 y se iban a la casa”, se ha quejado.

Nuevos ministros como “Juanchi” Zabaleta hacen equilibrio entre las carpas que conviven en el ministerio de Desarrollo Social, los cristinistas, la organizaciones sociales -que se benefician de un goteo de fondo que acumula ya más de $54.000 millones, por obra y gracias del cumplimiento de leyes como el impuesto a la riqueza- y la demanda de los jefes territoriales.

Como lo han convocado al frente de batalla, Zabaleta por ahora no puede decir lo que piensa. Algún colega, como Ariel Sujarchuk (Escobar), sí habla y hace tremendismo, pero fuera del tiesto. Ya se van a encargar de él.

 

 

Los que se fueron

 

 

Los estrategas de la campaña improvisan sobre baches de difícil detección, esos grupos que están en la base del no voto, o del voto negativo de septiembre:

1) el público de clase media baja del conurbano, que depende de un salario y que la única ayuda que tiene es la tarifa de los servicios congelada – creen que el gobierno no tiene nada que darles, y que lo que anuncian ahora es con propósitos proselitistas, jarabe de pico;

2) el público joven que no tiene ninguna identificación con este peronismo que no los dejó ir a bailar, no les consigue empleo y les quitó dos años de su vida con el cierre de las aulas. Son colectividades hoy sin contención electoral y sin un sistema donde integrarse y recuperar normalidad.

Las dificultades nacen también de la dispersión de los liderazgos. No hay campaña unificada y nadie se hace cargo del manejo de los big data, como en elecciones anteriores. Los sistemas de geolocalización de los votantes cubren sólo algunas zonas.

 

 

La unidad que nunca existió

 

 

Agrava todo la debilidad de origen de la coalición de gobierno, que ha abierto otro ciclo de divisiones en el peronismo. Algunos mirones sostienen que el 12 de septiembre cayó el mito de que el peronismo unido es imbatible.

El peronismo perdió, en realidad, porque ya estaba trizado por la frágil unidad tejida en 2019 con el solo objetivo de ganar. La disputa de liderazgos, proyectos y agenda impidió que cualquiera de los caciques – gobernadores, el presidente, Massa, Cristina – pudiera acordar un objetivo común que fuera más de ganarle a Cambiemos hace dos años. Unidad es unidad de objetivos, y el peronismo que va ahora a las elecciones no tiene un objetivo común.

Para Alberto es terminar el mandato; para los gobernadores es zafar de las consecuencias en sus provincias del plebiscito sobre el gobierno nacional que son estas elecciones; para Cristina, salvar el liderazgo en el Senado y la provincia de Buenos Aires, y asegurarse una sobrevida después de diciembre. No la tendrá – ni en lo personal ni en lo político – si el peronismo queda ajustado en el Senado y su jefatura y la de Maxi terminan arrinconadas por los territoriales.

Estos también buscan su sobrevida, si persiste el veto a la tercera reelección en sus cargos. Para Massa, el objetivo es convertirse en el salvador. Repite ante quienes lo visitan en su despacho, que después de noviembre, con cualquier resultado, será un superministro de todas las áreas productivas.

En las peñas que anima con Maxi Kirchner, fascina a los más jóvenes con exhibición de su agenda. El peronismo tiene debilidad por los personajes con muchos contactos. Cuando le preguntaban en 1995 a Chacho Álvarez por su alianza con Pilo Bordón, respondía “No sabés la agenda que maneja”.

 

 

La oposición la tiene más fácil

 

 

La oposición tiene mejor organizada la radiografía del voto. Rodríguez Larreta tiene un mapa más claro de que vota cada vecino en CABA y en los principales distritos de Buenos Aires. Que sus candidatos – Vidal, Santilli – ganasen las PASO ha reforzado su liderazgo y tiene tiempo para ocuparse también la macro.

El miércoles terminó el día con un largo café de recomposición de relaciones con Mario Negri en Tabac (Palermo). El jueves amaneció con un desayuno con Gerardo Morales. Negoció viajes a Córdoba y otras comarcas. El despliegue geográfico es intenso.

Carrió emprendió un largo viaje con Maxi Ferraro que termina en Neuquén el martes. Negri ya estuvo en Neuquén, y Miguel Pichetto se ocupó el fin de semana de La Pampa.

Macri aportó con señales a la distancia – que aplacan a quienes le disputan cartel-. Estuvo en la Florida International University (Miami) con residentes argentinos. Lo recibieron con una oferta que aceptó. Será profesor en el Adam Smith Center for Economic Freedom en esa casa.

Desde enero tendrá responsabilidades docentes como «fellow» (profesor invitado). Lamió heridas con otro exmandatario, Lenin Moreno, ex presidente del Ecuador. El hombre que enterró a Rafael Correa. Es un empleo que lo tendrá afuera el año que viene, que suma a la Fundación FIFA.

 

Los votos vacantes

 

 

La ausencia de los votantes del peronismo es el hecho físico que explica el resultado. También alimenta la táctica de traerlos de nuevo para dar vuelta las cosas. El 12 de septiembre votó poco más del 68% del padrón. En la elección de diputados de 2019, votó más del 82%. Es un buen capital sobre el cual intentar el retorno.

Contra este recurso hay entre 800 mil y 1,2 millones de votos que fueron a listas que no alcanzaron el 1,5 del padrón para poder competir en noviembre. Los baquianos creen que se van a encauzar, de manera proporcional, detrás la fuerzas que polarizarán las elecciones. También están, para trabajar, los cerca de 400 mil votos en blanco de las primarias. Ese caudal seguramente va a repartirse también según las tendencias que ya mostró el electorado.

*NA

Legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.


Comentarios