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Lo que tapa la campaña 22 agosto, 2021


Lo que tapa la campaña
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Por Ignacio Zuleta

El follaje de la campaña oculta batallas de fondo que se libran al amparo de la distracción del público. Nadie cree que el resultado de las elecciones de noviembre vaya a cambiar de manera sustancial la relación de fuerzas en el Congreso. Pero como en todo, la campaña no nos deja ver el bosque.

En las legislativas de este año lo cuantitativo le cede paso a lo cualitativo. La grilla de resultados mostrará un panorama confuso, para hacer síntesis y declarar ganadores o perdedores netos. También difícil para imaginar titulares de prensa contundentes lo que entorpece la función simplificadora de la visión periodística.

Las diferencias en territorios «nacionalizados», como la provincia de Buenos Aires, serán terreno para el debate. No pesará el número ni el porcentaje, sino cuántas bancas ganó o perdió el oficialismo en PBA, en dónde, y quiénes son los padrinos de vencedores y vencidos.

Cristina, empecinada, le sigue discutiendo hasta el día de hoy el resultado de 2017 a Esteban Bullrich. Es parte de la resistencia ante la realidad que ilustraba la metáfora de Juan Carlos Dávalos: “Con las barbas contra el suelo, /el vasto mundo y el cielo/ para ellos está de más” (“Los chivos”, poema).

En la CABA también se discutirá – más allá del esperable triunfo de Juntos por el Cambio – si el oficialismo del PRO mantuvo, aumentó o perdió alguna banca. Quien espera otra cosa, pierde el tiempo. O está de campaña.

 

 

 

“No noto la diferencia”

 

 

Un sondeo de opinión de un Observatorio de Psicología Social Aplicada de la UBA, al que hay que concederle independencia, sondeó al público de la PBA y llega a una conclusión que alimenta estas especulaciones. En ese distrito, donde oficialismo y oposición han nacionalizado la puja, el 35% de la gente dice que el gobierno de Axel Kicillof es mejor que el de Vidal, el 34% piensa que el de Vidal fue mejor que el de Axel, y un 31% concluye que las dos gestiones son muy parecidas.

«No noto la diferencia» dice este tercio de los 2.711 casos sondeados en toda la provincia. Como si justificasen la frase resignada de Cristina en La Matanza: «este es un partido que no se pudo jugar».

Nada asegura que el gobierno pueda empezar a jugarlo si el resultado electoral lo muestra más débil. Más débil significa más cerca de dividirse, por una perspectiva de baja competitividad hacia 2023.

El teorema del Partido del Ballotage dice que el no peronismo sólo puede ganar: 1) si se mantiene unido; 2) si puede aprovechar alguna división del peronismo. Lo que mantendrá unida a la oposición es la expectativa de ganar. Lo que puede dividir al peronismo es la expectativa de perder. Nadie espere otro atajo.

 

 

Elección de final confuso y discutible

 

 

La percepción de que lo cualitativo pesará más que lo cuantitativo explica la estrategia de unos y otros en un distrito como Buenos Aires. El peronismo que aquí domina Cristina de Kirchner forzó listas de unidad en la categoría de diputado nacional.

Además, en todas las secciones electorales se blindó esta unidad en las listas de candidatos a senadores y diputados provinciales. Lo mismo se logró en 112 de los 135 distritos en listas de concejales y consejeros escolares. ¿Qué revela esto? La voluntad de que no haya competencia y que la fuerza la dediquen los intendentes y la gobernación a movilizar votantes.

El objetivo es mostrar la noche del 12 de setiembre que se movieron más militantes del oficialismo que de la oposición. El producto final es asegurar el liderazgo de Cristina para los dos años que le quedan a este gobierno.

Si el Senado pierde bancas, su estrella declinará más frente al avance de sus socios Alberto y Sergio Massa. Se sentirán menos obligados a ayudarla a salir del purgatorio judicial en el que han mantenido a la vicepresidenta.

Matar cualquier competencia en las listas unánimes en toda la provincia ha sido un alarde liderazgo que busca cauterizar cualquier señal de disidencia. La unidad es la pieza clave de un peronismo competitivo, y el trío gobernante concede todo con tal de mantenerla.

 

 

También Larreta juega el 2023

 

 

En Juntos por el Cambio, Larreta también juega mirando hacia 2023. Esto justifica la elección contraria a la del peronismo: tiene que haber competencia, porque mira ya a la eventual PASO presidencial de ese año con sus aliados de la UCR y la Coalición.

De esa confrontación, entiende, saldrá la fuerza que le permitirá al PRO (de quien es el primer candidato en carrera) confrontar con un radicalismo también reforzado.

La novedad de este turno es que la UCR puede imaginar que una PASO presidencial, que en 2015 fue testimonial y simbólica, en 2023 será en serio. En aquel año, la competencia Macri-Sanz-Carrió fue solo para la categoría presidente.

En 2023 es esperable que también se compita para todos los cargos de abajo. Y será contra un radicalismo que pretende sacar mucho más que el porcentaje de Sanz en aquella disputa: Macri 24,50% + Sanz 3,34% + Carrió 2,28%= 30,12%.

Eso no lo lograba aquella coalición si Sanz hubiera aceptado la vicepresidencia en ese diálogo que transcurrió en una combi en el aeropuerto de Tucumán – según los peritos del Macri confidencial. En 2015 se trataba de mostrar que en las PASO Cambiemos podía tener el 30% de intención de votos. Con eso ya había ballotage.

Ese 30% se convirtió en el 35% de la primera vuelta y llegó el triunfo en el ballotage. Esta vez será una disputa entre dos fuerzas cuyo objetivo primario será competir sin dividirse.

En 2023 lo lógico es que sea una PASO “en serio”, de toda la boleta, o sea que compitan candidatos a presidente, gobernadores, diputados y senadores. Si es que hay PASO; que algo que está por verse.

En Buenos Aires, el PRO no permitió lista de unidad en diputados y se juega la suerte con Santilli vs. Manes. Tampoco hubo unidad en listas de senadores y diputados provinciales. Sólo en 22 de los 135 distritos hay lista única para concejales y consejeros escolares. Larreta bajó la orden a la PBA de no hacer listas de unidad donde se pudiera, para muscular la construcción del sistema 2023. Lo contrario de lo que ordenó Cristina ante el mismo escenario de 2023: unidad donde se pueda.

 

Macri sale del clóset

 

 

La faena en la CABA es también de índole cualitativa para Larreta, y la herramienta es hacerlo jugar a Macri en el tramo PASO de la campaña porteña. Se trata de agitarle al peronismo en el rostro el adversario más duro.

También es con quien el peronismo busca confrontar: la artillería del peronismo AMBA tiene como único argumento castigar la “herencia recibida” de Macri. Como si hubiera adoptado la autocrítica de éste, de no haber hecho ese balance cuando asumió en 2016.

Larreta le presentó los lineamientos de la estrategia porteña en sus oficinas de Olivos, adonde concurrieron los encargados de la campaña. La idea es emplearlo a Macri en las PASO para endurecer el discurso.

Para las generales, el discurso se ablandará por ese objetivo que tiene Larreta de que hacia adelante hay que buscar amigos en la frontera, y no dividir tanto. Los cree necesitar para su futuro. Por eso aprovechará a Macri hasta el 12 de septiembre.

El concurso del expresidente incluye apariciones como la del viernes junto a María Eugenia Vidal, o la del conurbano de este domingo junto a Santilli.

El libreto de estas actuaciones surge de los focus groups que organiza el consultor Guillermo Olivetto para JxC. Revelan que el público de la CABA le teme a un peronismo que quiere imponer una “conurbanización” de la vida en el distrito.

Mostrarlo a Macri como gerente de la transformación en la ciudad desde 2007 busca destacar el valor de la continuidad en los candidatos de este año. El miércoles Larreta hablará de esto en la presentación de una suerte de plataforma junto a Vidal y Lousteau.

 

 

Con Larreta se juega un pleno en Córdoba

 

 

Parte de esa salida del clóset de Macri es el pleno que se juega el expresidente en Córdoba. Ahí no es banca, como en CABA, y puso todas las fichas en favor del ticket UCR-PRO que encabezan Negri con Gustavo Santos.

Como se cuida de nacionalizar sus intervenciones, más allá del AMBA – que es donde tiene sus fierros – lo hizo a través de Cadena 3, radio muy escuchada en todos lados, pero con cabecera cordobesa. Se manifestó en favor de Santos -fue su ministro- y de Negri.

«¿Qué voy a decir de Negri, jefe del interbloque durante los cuatro años de mi gobierno”? Si gana este dúo festejará; si pierde en manos de Juez-De Loredo le pasarán la factura desde el AMBA.

La lista tiene el apoyo del radicalismo metropolitano hoy representado por Lousteau, extensión simbólica del radicalismo nosiglista. Ganarle a Macri nada menos que en la Córdoba «amarilla», capital nacional del peronismo no K -que mejor representa el expresidente- produciría un efecto dominó en todo el país que compromete también a Larreta.

El líder porteño se manifiesta -con sordina, es cierto- en favor de Negri-Santos. La cautela es explicable porque le reprochan por allá que no intercepte las incursiones Lousteau -su socio porteño- en Córdoba. No puedo meterme en eso, dice, pero admite sus preferencias por Negri.

Un triunfo de Juez-De Loredo sería una herida al proyecto presidencial de Larreta, contrario al de Lousteau. También se entiende que Lousteau se preste a las mortificaciones de su condición. La candidata a diputada del PRO que secunda a Negri, Soher el Sukaria, le disparó entre ceja y ceja: «Esta lista jamás acompañaría la 125». Pero París bien vale una misa, pensará Lousteau.

 

 

La pelea Morales-Lousteau, Interior vs. AMBA

 

 

El escenario de Córdoba adelanta otra de las batallas escondidas bajo el estrépito de la campaña. Es la pelea por la presidencia del Comité Nacional de la UCR, que se tiene que decidir a fin de año. Ahí se va a enfrentar el radicalismo del interior, significado hoy en Gerardo Morales, con el radicalismo del AMBA, hoy articulado en la candidatura de Lousteau.

Es otra pelea mayor y replica la misma dialéctica que enfrenta al peronismo del interior (que administra 14 provincias) con el del AMBA, que hoy domina la trifecta presidencial con cabecera en Buenos Aires y CABA.

Por andariveles paralelos a la actividad de campaña para las PASO, en el radicalismo de todos los distritos se negocian adhesiones a uno y otro candidato. Ninguno canta victoria porque en el AMBA la UCR no gobierna ningún distrito, sólo gravita poder en la Capital por la alianza privilegiada con el PRO de Larreta.

Los demás gobernadores sostienen hasta ahora la insignia federal de Morales. La división Interior-AMBA es profunda y sistémica: está en la configuración territorial de la Argentina. Han representado a lo largo de la historia intereses geoestratégicos diferentes y difíciles de conciliar. Afecta a radicales y peronistas, y el cisma lo ahonda la falta de liderazgos en las dos fuerzas.

 

 

La foto correntina y el otro zarpazo a Alberto

 

 

El arco de adhesiones que sostiene la candidatura partidaria de Morales se expresará en una foto que se construye con delicadeza de orfebre en varias carpas de la UCR: sucederá la noche del 29 de agosto.

Ese día el radical Gustavo Valdés espera reelegir como gobernador de Corrientes, y se hará acompañar por dirigentes del interior, con Morales a la cabeza. Valdés ha hecho un frente de 46 partidos que le compite al peronismo albertista que debuta en las ligas locales.

Aquí el interventor en el PJ es Juanchi Zabaleta, nuevo ministro de Desarrollo Social. Lo desplegaron por aquellos humedales como interventor cuando era un mero intendente de Hurlingham y andaba en una renoleta. Ahora es ministro. Si choca, chocará la limusina presidencial.

Urdió una alianza de otros 41 sellos para respaldar a Fabian Ríos. Lo último que necesita hoy el presidente allí es una derrota electoral a manos de Juntos por el Cambio. Otra factura que le pasarán sus socios, en el momento de mayor debilidad de un presidente débil, de un gobierno débil.

Más devaluado que el peso argentino, ya pide tiempo y empezó a mirar el reloj. «Los dos años que faltan voy a poner todo para que la Argentina salga adelante” se resignó el martes en La Matanza. Ya falta menos.

 

*NA

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