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30 julio, 2020

La importancia del vínculo afectivo con los animales

Convivir con perros y gatos ayuda a disminuir el estrés, la tensión arterial y la frecuencia cardiaca. No sólo eso, los estudios constatan que esa compañía mejora los niveles de las hormonas asociadas al bienestar y ayuda a que aumente nuestra autoestima.

Prácticamente la mitad de los hogares sabe qué implica tener un animal de compañía. No sólo en cuanto a los cuidados y condiciones que requiere, sino al vínculo especial que se establece entre el animal y las personas que conviven con él.

Un vínculo que los expertos no dudan en calificar como peculiar y beneficioso y que puede variar según se trate deun niño, un adolescente, de una persona madura o una de edad más avanzada.

Según María Luisa Ferrerós, neuropsicóloga, directora de la unidad de psicología clínica y parenting de Clínica Diagonal, en esta peculiar relación se pueden desarrollar sentimientos de empatía y respeto. Se impulsa el desarrollo de la autonomía y la responsabilidad. Y muchos más beneficios, y no en pocas personas.

Según la Fundación Affinity (organización dedicada a promover el respeto y la sana convivencia con animales de compañía), en el 46% de los hogares conviven personas con animales de compañía, la mayoría con perros y gatos, “y esta cifra va en aumento, lo que pone de relieve que muchas personas tienen fuertes lazos afectivos con las mascotas con las que comparten su vida”. ¿Qué tipo de vínculo se produce y por qué sucede?

 

El vínculo

 

“Es difícil hablar de un mecanismo particular que se desencadena en los vínculos entre animales y personas. Sencillamente se produce una peculiar conexión, especial y profunda, y eso nos descoloca”, confiesa María Carmen Castro, psicóloga, experta en asistencia de terapia con animales en la Asociación Hydra. Tanto es así, que según un estudio presentado el pasado mes de julio por el Observatorio de la Fundación Affinity en colaboración con la Universitat Autònoma de Barcelona sobre el vínculo entre personas y animales de compañía, el 63% de las personas que tienen un animal en su casa le confiesa cosas que no explica a nadie más.

María Carmen Castro explica que en el caso de los perros, es fácil que esto suceda porque “te acepta tal cual, lo tienes ahí siempre, es incondicional, no te regaña…”. Las personas no se sienten juzgadas por los animales y parece que ciertos complejos se desvanecen ante ellos y, además, las muestras de afecto se hacen más evidentes.
Muestras del vínculo No sólo son depositarios de secretos, los dueños de perros también muestran afecto y los besan. De hecho, un 76% de los encuestados asegura que besa a su animal como mínimo una vez al día y un 85% lo abraza habitualmente.

Lealtad inquebrantable

 

También han constatado que nueve de cada diez propietarios están convencidos de que si todos lo abandonaran, su perro seguiría a su lado. Para las personas mayores es un motivo para levantarse cada día para cubrir sus necesidades. Y en el caso de los más pequeños, por extraño que suene, ocho de cada diez niños prefieren jugar con su gato o su perro antes que con los videojuegos, explica Jaume Fatjó.

Las muestras del vínculo no sólo varían según las edades. También afectan al sexo, o si las parejas tienen hijos o no, según refleja otro estudio también realizado por la citada fundación conjuntamente con el Instituto de Neuropsiquiatría y Adicciones del Parc de Salut Mar.

 

La conexión inexplicable

 

El papel de perros y gatos va mucho más allá del de simple animal de compañía, según Fatjó. Nueve de cada diez personas encuestadas subrayan que su perro siempre está ahí cuando necesitan consuelo, afecto, seguridad o motivación. Y en los más pequeños, los lazos afectivos con el animal de compañía son los que mejor les hacen superar la sensación de miedo o tristeza, pues el niño recurre de forma habitual a su mascota para abrazarla y encontrar alivio en estas situaciones.

“Este comportamiento se repite cuando al niño se le presenta un problema, ya que busca a su perro o gato como fuente de consuelo en la misma medida que a sus padres”. María Luisa Ferrerós explica que los animales de compañía “pueden llegar a convertirse en imprescindibles para superar las diferentes etapas vitales, sea en la infancia, adolescencia, la madurez o la ancianidad”.

Un compañero de vida

 

En el caso de los adultos, la Fundación Altarriba recuerda que los animales de compañía incrementan la actividad física de sus dueños, protegen a las personas de los estados de soledad; optimizan la capacidad de atención y la percepción. También mejoran la comunicación verbal y aumentan las expresiones faciales positivas.
Yolanda Valbuena explica que son múltiples los beneficios ya que no sólo representan una compañía, una responsabilidad que les hace sentirse útiles y les sube la autoestima; sino que les obliga a realizar ejercicio físico y les incentiva la mente.

“El animal los necesita. Tiene que comer, en el caso de un perro hay que sacarlo a pasear, y todo ello provoca que las personas mayores estén más alerta, les hace estar más activos”. Les estimula la memoria, la atención y la concentración. Y en situaciones de duelo en personas de edad avanzada, quienes tienen animales de compañía realizan menos visitas al médico, experimentan de manera significativa menos síntomas físicos y psicológicos, y menos medicación en mujeres viudas recientes.

Los casos más llamativos se producen en centros gerontológicos, como el de AMMA Horta en Barcelona, cuya directora, Maite Aragón, ha incorporado perros para motivar a las personas mayores. “La mirada intensa de un perro es un gran estimulante a nivel cerebral. Sirve tanto en las fases iniciales de una demencia como en desórdenes psiquiátricos como la depresión y la psicosis”. María Carmen Castro también constata beneficios en el caso de personas con alzheimer.

 

Impacto en la salud

 

Los expertos constatan también una incidencia directa con la salud. María Luisa Ferrerós asegura que los animales de compañía ayudan a disminuir el estrés, la tensión arterial y la frecuencia cardíaca. Se han constatado una mejora de los niveles dopamina y endorfinas (asociadas con el bienestar) y la disminución de los niveles de cortisol (asociado a situaciones de estrés) después de una sesión de 30 minutos de interacción con un perro. Y reducción de los niveles de cortisol en los profesionales sanitarios después de cinco minutos de interactuar con un perro. En el caso de enfermedades graves o después de una intervención, generalmente la recuperación es más rápida.

Yolanda Valbuena añade que la reducción de la presión arterial es equivalente a la conseguida por una dieta baja en sal o reduciendo el alcohol. También se han demostrado beneficios cardiovasculares: “Aumenta la supervivencia tras un infarto de miocardio en los pacientes que tenían animales de compañía, disminuyen los factores de riesgo para enfermedades cardiovasculares, particularmente la presión arterial sistólica, el colesterol plasmático y los triglicéridos.

Además se ha constatado una reducción de la frecuencia cardiaca de la persona que acaricia a un perro o contempla los peces en un acuario. Y una mayor reducción de la respuesta de estrés cardiovascular en la presencia de un perro en comparación con la presencia de amigos o parejas”.

María Carmen Castro recuerda que cada animal es un mundo. Y aunque todos estos beneficios son generalizables, también depende del carácter de cada animal. En su caso trabajan con animales abandonados. “Son especialmente receptivos a las muestras de cariño de las personas que los acogen”, afirman.

Si usted aún no tiene una mascota o decidió no volver a tenerla tras una pérdida, piénselo bien en esta cuarentena, y no se prive de adoptar otro ser vivo. Vale la pena!