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8 marzo, 2021

El femicidio como un exceso más de la pandemia

Por Alika Kinan*

La cuarentena para combatir el avance del Covid-19 fue para las mujeres una nueva enseñanza de técnicas de supervivencia. Sobrevivir al virus, sobrevivir al encierro, sobrevivir a la pobreza y también sobrevivir a las redes.

Este Día Internacional de las Mujeres nos toma a todas excedidas de todo. Excedidas de tareas en casa, excedidas de hijxs, excedidas de pérdidas, excedidas de encierro, entre otros tantos excesos.

A un año de esa declaración de pandemia nos encontramos con un planeta dividido en dos partes, quienes están conectados a las redes y quienes no acceden a la conexión.

Por un lado, un mundo donde nuestras vidas y la de todos a quienes conocemos están en una mega red comercial cibernética donde los datos están interconectados, y paralelamente, otro mundo que está en la más completa marginalidad, pobreza y vulnerabilidad social, donde poder acceder a servicios esenciales es un privilegio, pero también lo es poder denunciar un abuso sexual o una red de trata.

Covid-19 fue, para las mujeres, una nueva enseñanza de técnicas de supervivencia. Sobrevivir al virus, sobrevivir al encierro, sobrevivir a la pobreza y también sobrevivir a las redes.

Para quienes tuvimos que adaptarnos a trabajar en la matrix, vimos esa evolución de la pornografía y la prostitución hacia Instagram, TikTok, OnlyFans, Snapchat Premium, como la palabra “nudes” asociada a ganar dinero cada día se hizo más frecuente.

Los medios de comunicación hicieron lo suyo aportando a la normalización y aceptación social no solo de la explotación sexual, sino también al femicidio, con una Florencia Peña en la tapa de la revista Gente hipersexualizada y mostrándonos como el femicidio también puede convertirse en una sexy mujer, sin que haya demasiada diferencia entre un reportaje fotográfico de luchadora feminista y uno de PlayBoy o la revista Man.

En contextos económicos hostiles post-guerra, las economías resurgentes son levantadas a costa del cuerpo de las mujeres, las cuales también son presentadas como mero entretenimiento.

La realidad de Argentina fácilmente se repite en toda Latinoamérica e incluso en el resto del mundo. Los gobiernos recortan y ajustan presupuestos en las áreas destinadas a las mujeres, dibujan números, y plantan obstáculos día a día que impiden el acceso a derechos que nos permitan vivir una vida libre de violencia.

Las víctimas de trata con fines de explotación sexual son la gran deuda mundial, los lobbies pro prostitución silencian el reclamo constante y ya “añejo” de acceso a la vivienda, a la educación, al trabajo digno y tratamientos para el estrés post-traumático.

Sostener los períodos de asistencia a las víctimas que escasamente llegaban a los 6 meses fue una lucha de titanes, y aun hoy no hay actualizaciones en los montos ni garantías de continuidad en los programas, esto afecta directamente los procesos que llevaban a las sobrevivientes a un proyecto de vida propio, para nuevamente victimizarlas en pedidos de comida y planes sociales o peor aún, ponerlas en manos de los proxenetas.

En México la crisis de violencia contra las mujeres está alcanzando cifras históricas, 11 femicidios diarios con el 97% de impunidad, primer lugar de América Latina en feminicidios, primer lugar en difusión y consumo de pornografía infantil y abuso sexual infantil.

La trata y explotación sexual son responsabilidad de los Estados rufianes y proxenetas que han utilizado los cuerpos de las mujeres para levantar la economía de los pueblos en un marco de crisis humanitaria.

Vivimos en una sociedad donde se nos hizo creer que la pobreza es un fracaso personal y que las mujeres pobres deben asumir la prostitución y explotación sexual como mecanismo de subsistencia, sin derecho a desear, elegir o disfrutar.

En contextos de pobreza la prostitución se presenta como un femicidio de clase.

 

(*) Alika Kinan es sobreviviente de trata con fines sexuales y activista por los Derechos Humanos de Mujeres y Niñas.