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20 febrero, 2021

El choreo de inmunidad y la peste ventajera, que no tiene cura

Por Juana de Arco*

Dicen que hay ‘afano’ de vacunas en Chubut y habría vacunatorios VIP (Very Important Person) en Comodoro y otras ciudades. También se están dando en otras provincias, como Santa Cruz, donde ya hubo varias mandadas al frente de referentes y allegados de los que disponen de lo público. Y por supuesto viene sucediendo en el corazón del poder nacional y popular, donde la exageración del exministro Ginés Gonzalez al reservar 3 mil dosis para los amigos, dejó al descubierto el escandalete que le terminó costando la cabeza, antes que la sangre y la indignación popular llegara a la Rosada.

¿Alguien creía que iba a ser distinto?, es la pregunta obligada.

Quienes estamos acostumbrados a transitar el tiempo para adelante y atrás en periodismo coyuntural, seguramente esperábamos que aflore esta y otras hilachas, lamentablemente, más temprano que tarde. De hecho ya hubo incipientes y ahogadas ‘ventiladas’ de presuntos ‘curros’ con test, respiradores, prioridades de camas, y entonces… ¿porqué no habría de suceder con las vacunas?.

Con las últimas noticias del cierre de un febrero afiebrado de incertidumbre y dificultades, ahora la ‘masa’, que se ilusionó un rato con el sentimiento de prioridades humanitarias y otras yerbas integradoras, comenzó a despertar de la ilusión criolla de promoción de ‘bien común’; utopía agonizante, sino finada, hace rato en la tierra de Fierro, de Facundo y de Favaloro.

Y otras verdades empezaron a emerger como témpanos a la deriva. Como que si la pandemia nos puso en situación de vulnerabilidad masiva, la vacunación se iba a convertir en la devolución del empoderamiento, que por supuesto iba a ser selectivo. Fea conclusión, pero realista.

Selectividad que no es exclusiva del criollaje, sino planetarias, teorías conspiranoicas al margen.

Porque nada mejor para reacomodar las relaciones de poder en este mundo hiperindividualizado y engreído de derechos, que un buen sopapo de peligro de muerte inminente.

Como dijeran los Luthiers, un buen murciélago o una buena batalla virósica, que encima ni siquiera tuvo un incitador inicial como cualquier contienda bélica con quién agarrársela (o por lo menos superó por ahora la misión OMS). Solo un enemigo común, invisible (aunque con corona); al que no poder ni siquiera odiar o maldecir, para que se terminara ‘lo que se daba’ de la vida de cada uno de los 7.400 millones de habitantes planetarios de momento (para 2053 seremos 10 mil millones si atajamos bien la bomba virósica).

El hecho es que el virus puso a todos al borde de la posibilidad de muerte, convirtiéndonos en potenciales ‘portadores’, todos peligrosos, impotentes y finitos. Nos debilitó al grado de ‘supervivientes’ permanentes.

Paradójicamente, de repente los gobiernos, muchos de ellos en franca decadencia de credibilidad y con fuertes dificultades en el manejo de las libertades individuales (aún los más desarrollados), superó de un plumazo esa enorme limitante. Agigantándose el control público de la mano de declaraciones de ‘emergencia’ hasta decirnos como, cuando, y donde movernos, como respirar, con quién y a que distancia vernos, que hacer en cada hora de nuestro secuestrado día, con monitoreo municipal, provincial, nacional e internacional justificado, y prisión domiciliaria incluida.

Sea en las circunstancias que sea, si eso no es replanteo de las relaciones de poder, ¿qué es?.

Y si el primer proceso fue el de ‘reubicación’ en nuestra condición de habitantes libres, a libres ‘de Covid’; el segundo parecería ser el de ‘reclasificación’ (etaria, saludable sin contagio, inmunizado transitorio por contagio, inmunizado permanente por inoculación, etc etc)

Está claro que con más de 2 millones de muertos cronometrados a nivel mundial, nadie duda de la necesidad de someterse a las directivas oficiales, a las extralimitaciones policíacas, a la escandalosa danza de vacunas a prueba y error, y a los protocolos impuestos. ¿Qué más nos queda, después de todo?

También estaba claro que al sogazo de la peste, le seguiría el dulce bálsamo de la sanación, lo que se convirtió en la mayor campaña de vacunación de la historia de la humanidad.

Tal como está planteada, de su éxito o fracaso dependerá que, después de casi un año de confinamientos y otras medidas para frenar este coronavirus, miles de millones de personas vivan -y trabajen- sin miedo al contagio. Por lo que queda en evidencia que está en juego no sólo la salud de la humanidad, tal como se plantea la cosa, sino la posibilidad de que la economía del planeta salga de la peor recesión en décadas, que no es un dato menor.

De allí que la vacuna se erige como el verdadero arma de control, que tiene el poder de definir quien vive y quien no, pero también quien sobrevive y quien no. Que país repunta económicamente y quien se hunde en la extrema dependencia por limitantes de su recurso humano, herido por una enfermedad mortal. En el medio se achican horas laborales, se debilitan las consignas gremiales, se replantean los convenios, se reordena toda esa pata fracasad del ultra capitalismo consumista que ya no daba para más. Todo ese proceso al ritmo de la inoculación posible, todo un arma de fuego.

Un poder que arrancó discursivamente como un esfuerzo conjunto mundial, pero que siguió inmediatamente con una competición entre países por ver quién conseguía producir antes la dichosa vacuna, (con enorme intereses de laboratorios y grupos económicos en medio), para luego derivar en la otra carrera, la de la fila para inyectarse esperanza.

Definitivamente una cuestión de pulseadas nacionales y lucha de prestigio, pero sobre todo de poder -macro y micro-. Que muestra lo mejor del sistema sanitario que ejecuta, pero también lo peor de gran parte del poder político que ordena. Lo mejor de las estructuras mínimas solidarias que se movilizan por los que menos pueden resolver en emergencia, y lo peor de los que siguen jactándose de sus privilegios, hasta para darse el pinchazo salvador.

 

La vacuna y el ‘reparto’ nacional y poco popular

 

Si Rusia, Reino Unido y Estados Unidos entre otros grandes, pulsean en las cumbres de la fabricación y venta. Argentina se fue plegando en lo que pudo: una producción conjunta con México posiblemente, con expectativas incluso de reventa al resto de Latinoamérica.

Lo que queda de poder es el reparto. Y allí mismo fue donde se deshilachó la cosa.

La interna política argentina viene incluso en grageas pero también inyectable. Para decirlo en términos sanitarios, que el escandalete de la vacunación VIP salte del testimonio de ‘inoculación favorecida’ de parte del periodista más áspero y menos inocente que hay en el país, es bastante sintomático. Pero que dejó al poder político en terapia intensiva, no queda dudas.

“Decidí vacunarme. Me puse a averiguar dónde hacerlo, llamé a mi viejo amigo Ginés González García –a quien conozco de mucho antes que fuera ministro– y me dijo que tenía que ir al Hospital Posadas. El Hospital Posadas está en Palomar, creo que es partido de Morón, pero el barrio es Palomar y está ahí nomás de la villa Carlos Gardel. Y cuando estaba por ir recibí un mensaje del secretario de Ginés que me dijo que iba a venir un equipo de vacunadores del Posadas al Ministerio y que fuera a darme la vacuna”, contó Verbitsky hoy en un relato que dejó pedaleando en el aire al propio Alberto Fernández.

La inmunización secreta contra el coronavirus en un “vacunatorio VIP” montado en el Ministerio de Salud de la Nación, dejó en evidencia una realidad paralela, con trato diferencial a personajes del ámbito público y privado, entre ellos este periodista, un senador, un diputado, tres médicos, un empresario y su sobrina y muchos más. Todos relacionados al Frente de Todos o, de manera personal, al titular de la cartera sanitaria, que había hecho un resguardo de unas 3 mil vacunas VIP.

El problema no es solo el modo, sino además que algunos de los personajes privilegiados para obtener inmunización contra el Covid-19 no se encuentran entre los grupos prioritarios que estableció el propio ministerio para suministrar la vacuna, basados en criterios relacionados con su función -por ejemplo, el personal de salud- y su riesgo -mayores de 60 años-. O bien accedieron a la vacuna en un distrito que no les correspondía, a pesar de que es cada provincia la que organiza la aplicación de las dosis.

Los inmunizados en el vacunatorio VIP son el senador del Frente de Todos y excanciller, Jorge Taiana; el periodista cercano al kirchnerismo Horacio Verbitsky, quien ventiló el asunto en un programa de radio y era acusado, por lo bajo, por realizar una “operación” en contra del ministro González García; y el diputado nacional cercano al presidente Alberto Fernández y al papa Francisco, Eduardo Valdés,

También circularon nombres de vacunados ilustres como Somón Schachter, un médico cercano al ministro González García; el empresario Seza Manukian; Félix Guille, un directivo del sector de la salud, y también un empresario y algunos miembros de su familia.

Como si fuera poco se supo que además ya habían recibido la primer dosis de la vacuna rusa VIP, nada menos que Hugo Moyano (77), su esposa, Liliana Zulet, pero también su hijo Jerónimo, que tiene 20 años, porque ‘vive con ellos bajo el mismo techo’, argumentaron.

En fin. Más allá del chusmerío de nombres (que siempre ‘garpa’), el caso es ventilable por tratarse de la primera patinada política importante del oficialismo, que todo indicaría que no se aplacará sólo con hacer rodar la cabeza de Ginés, ya que desató una ola de descreimiento e indignación en la población que venía aferrada a la cruzada ‘salvadora’ nacional y popular, y que ahora amaga con romper a las puertas de Olivos.

 

Chubut mantiene podio como laboratorio del ‘curro’

 

Y si era ‘cantado’ que a falta de obra pública a nivel nacional la emergencia sanitaria pinta para ser el nuevo resquicio de caja política y rearmado de poder; a nivel provincial tampoco podía ser de otro modo.

En nuestro agitado territorio de sorpresas ingratas, saltó no sólo robo de vacunas sino también vacunatorio VIP. Justamente en momentos en que se está juzgando aún la Causa Revelación y el entramado de retornos con la obra pública acotado a más de cuatro años atrás.

Y es que aún falta juzgar las truchadas que se mandaron en gestión con la emergencia climática en Comodoro, los colchones, el alimento balanceado, los «noquis calientes» y algunas vergüenzas públicas más. O sea, de no apurarse un poco la justicia provincial haciendo su trabajo (si decide hacerlo), se le juntarán varios años de ignominia, siempre esperando que lo que surja en el marco de la pandemia sean meras nimiedades, por supuesto.

Porque como decía el sociólogo Julio Cotler, «el problema no es que haya corrupción, el problema es que haya impunidad», no?

 

Y que las hay, las hay

 

En principio y acotándonos a los ilícitos que surgen de la pandemia, en algunas localidades chubutanas, del Valle y Golfo, hubo buchonadas y fuertes versiones sobre temas vinculados a insumos y tests para uso público, presuntamente revendidos a laboratorios e instituciones privadas. Temas que no pasaron de la leyenda urbana, porque no habrían pruebas contundentes acopiadas aún, ni fiscales con ganas de saber más.

También hubo ruido por presunta pérdida de cadena de frío de vacunas en la Capital, y hasta faltantes en la Cordillera. Todo eso en comunidades como las nuestras, donde la mejor información fluye de boca en boca, manifestando la necesidad de mayor profesionalismo, en un tema que estará en el ojo auditor de la opinión pública en un futuro inmediato, pero sobre lo cual al poder político parecería ‘no entrarle las balas’.

Así fue como se abrió paso el caso más ruidoso y concreto que guste o no esmerila el esfuerzo sanitario, con el robo de 30 dosis en el Hospital de Comodoro Rivadavia. Un hecho que hizo crujir un poco más la gestión arcionista, en un tema (posiblemente el único) que venía siendo ´mostrable´ por los resultados obtenidos, como lo es la positiva contención de la pandemia en territorio, pese a la crisis financiera de arrastre que afronta la administración pública.

Como es sabido, es casi secreto el número real de dosis que ya llegaron a territorio. Y mucho más secreto cuantas se repartieron en cada ciudad, y ni hablar de cuantas se aplicaron y a quienes. Una información que lejos de ser pública se soslaya permanentemente, a la gorda vista incluso de los medios masivos de comunicación.

Si la especulación de redes es efectiva, Chubut habría recibido poco más de 600 mil vacunas de dos dosis. En ese número que le afanen por goteo de a 30 es poco menos que preocupante.

Por eso la reacción oficial fue rápida y trató de ser contundente. No pasaron ni 48 horas de la denuncia, cuando las pesquisas fueron dando frutos, y ayer directamente se procedió a allanar nada menos que la sede del Sindicato de Camioneros y su obra social en Comodoro.

Las 30 vacunas habrían tenido un destino preciso. Según trascendió en el sindicato se habría encontrado documentación que indicaría que miembros del gremio se aplicaron la primer dosis de la vacuna Sputnik V, y que este viernes se iban a aplicar la segunda dosis.

Esas vacunas ‘facilitadas’ al poderoso gremio que lidera Hugo Moyano a nivel nacional, eran aplicadas en Comodoro por una enfermera del Hospital Regional, cuyo domicilio fue allanado esta semana.

Qué el ministerio de Salud haya alertado y el propio Gobierno realizado la denuncia, por supuesto tranquiliza, pero no exime de responsabilidades.

¿Cómo saldrá el gobierno de Arcioni de la encrucijada de que se hayan ‘malversado’ o desviado el destino de vacunas de su administración, favorecido a un sector sindical?, no se sabe. Es muy poco probable que, como en el caso de Ginés González, sea el ministro Fabián Puratich el fusible de descompresión de la bronca pública. También es improbable que pague esos platos rotos el ministro de Seguridad, en su carácter de ‘guardián de la ley y el orden’.  Aunque sí es altamente posible que se defina un chivo expiatorio más cercano al epicentro del escape de liebre y dosis en la Capital del Petróleo.

Para colmo, solucionar el caso del choreo, si se termina de comprobar que fue destinado a Camioneros, le abriría un frente de conflicto político nuevo, con uno de los escasos sectores sindicales que junto con petroleros venían acompañando algunas movidas.

Por ahora el tema viene siendo la comidilla política de la semana, con el frontoneo esperado de la oposición, que no se hizo esperar. Y mientras en lo político pocos han dicho ‘esta boca es mía’ pese a la cadena de responsabilidades, en la investigación policial y judicial ya habría 21 personas sospechadas.

En fin. Otra crónica de esas que, de tan recurrente en la breve historia de una vida, se vuelve hasta frustrante para el cronista.

Una constante que, de tan persistente se vuelve vergonzosa para un sistema, y sobre todo endémica para su población.

Un tema para empezar a revertir desde donde cada uno pueda. Porque como decía Bess Myerson, «El mayor cómplice del crimen de la corrupción, es nuestra propia indiferencia».

 

*Soy Juana de Arco,…y ceniza de tantos