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2 enero, 2022

Cada uno trabaja para su clientela

 

El cristinismo sobreactúa porque es lo que esperan sus votantes. Lo mismo hace la oposición.

 

Por Ignacio Zuleta

 

Las crisis suelen ser leídas como derrotas, cuando son la condición del crecimiento. Las que enfrentan las coaliciones del oficialismo y la oposición reciben invectivas pedagógicas del periodismo de indignación, que les recomienda con ciencia infusa a unos y a otros qué deberían hacer. Es simple y sin vueltas: cada dirigencia trabaja para su clientela.

El cristinismo sobreactúa porque es lo que esperan sus votantes. Lo mismo hace la oposición. En el peronismo hay crisis de liderazgo desde el origen de la trifecta presidencial que ganó holgadamente en 2019. Los caciques pelean por la subsistencia con la rabia que caracteriza al peronismo, aunque subsistir no es poco en política.

La derrota del 14-N es una corrida política del voto peronista en todo el país. Como toda corrida puede revertirse, o continuar si no se la enfrenta y se la remedia. El público del peronismo rechazó en las urnas la gestión 2019-2021.

El gobierno está obligado a revisar si hablar tanto de la herencia recibida y de economía valió la pena. Tampoco le validaron en las urnas el tratamiento de la peste.

En la oposición, hay crisis de adolescencia: Cambiemos es una cooperativa de candidatos a todo, que defienden sus intereses con lo que tienen a mano: la experiencia del triunfo contundente del 14-N y la solidez del 40% del voto del no peronismo -condición para la construcción de un partido del ballotage que les permita volver a ganar en 2023, año que todos coronan, Negro el 23, segunda docena-.

De la crisis van perfilándose nuevos liderazgos. Uno es el de Gerardo Morales, el otro es de Diego Santilli, que será el armador nacional del larretismo.

 

 

Morales, el que frena al PRO

 

 

El jujeño definió en la primera semana en el cargo una agenda de trabajo para su partido, que preside en nombre del radicalismo federal, que arranca en la primera semana de febrero y cierra en abril con un Congreso Nacional de Juntos por el Cambio. En esa semana se convirtió, además, en el representante de la oposición en este minué de erizos y escorpiones al que invita el gobierno sobre el acuerdo con el FMI.

A diferencia de otros jefes radicales, Morales le pone los puntos al PRO. La enfrentó a Patricia Bullrich por las críticas de diputados que le respondieron a sus dichos sobre la autoría de deuda. La presidenta del PRO atajó el embate. «- Yo te leí bien, Gerardo, pero los títulos…» Respuesta: “Deciles a Waldo y a Iglesias que también ellos lean bien…” Ella: – “Intervine para que no fueran a programas de TV para seguirla.”

Bullrich es portadora sana de peronismo y es una estilista del «posicionamiento». Hacer política es para esta especie política hablar por radio y por TV tomando posición sobre temas del día que proponen los animadores y movileros. Es presidente del PRO por una decisión de Macri y de Humberto Schiavoni. Ejerce una fuerza – que no es poder – delegada de quienes le dieron una misión que creyeron controlarían. La ejecutoria que la convirtió en la ministro más prestigiosa del gabinete de Macri no tiene correlato en poder propio, construido de abajo hacia arriba. No pudo ni ser candidata a diputada nacional. Esa debilidad suya la hace retroceder ante Morales, que viene de pelearse durante años con Milagro Sala y los Fellner. No sabe con quién se mete.

 

 

Exaltación de Santilli

 

 

Bullrich tiene genes peronistas y sabe reperfilar sus posicionamientos. Como le ocurrió con el reclamo de sanciones a los diputados que no estuvieron en la sesión de Bienes Personales. Uno de ellos es Álvaro González, la sombra de Larreta, quien intervino para cerrar la querella. Esto es un juego, te atacaron para atacarme a mí, todos te referencian conmigo, olvidate, capítulo cerrado – pudo escuchar alguien si lo hubieran dejado escuchar, que no lo dejaron.

Primera consecuencia: la unción en los próximos días de Diego Santilli como el armador nacional de la candidatura de Larreta. Reemplazará en esa función a Eduardo Macchiavelli, que actuó junto a Patricia en armados en provincias en donde corrió sangre (La Rioja, por ejemplo).

Es la función que cumplió Emilio Monzó en la campaña de 2015. Como él, Santilli mantiene distancia social con María Eugenia Vidal. No está decidido si Santilli lo reemplazará a Macchiavelli también como Secretario Nacional del PRO, en donde podría ser la sombra de Patricia. Se va a poner lindo.

 

 

Estrategia económica vs. estrategia política

 

 

El más experimentado de los «federales», Jorge Capitanich, fue fiel a la consigna del encuentro de Alberto con los representantes de las provincias: exaltar la responsabilidad del gobierno de Cambiemos en el endeudamiento. Este lema es el eje de la estrategia de comunicación del oficialismo. Emparda con el eje que alza la oposición, que afirma que se tomó deuda para pagar deuda, y más barata que la que pagada por Cristina hasta 2015.

La confrontación sirve para desmenuzar los términos del enfrentamiento que puede tener su clímax esta semana. El interés del oficialismo es mostrar al mercado que tiene una decena de gobernadores incondicionales, que el resto admite el acuerdo en negociación, y que esto le asegura la venia parlamentaria. Su estrategia es económica, y a tenor de los discursos del miércoles en el museo del Bicentenario, sirve para justificar un acuerdo, tanto como para avanzar en un default. Esa ambigüedad alimenta la cautela de la oposición, cuya estrategia es política: no le interesa cómo será el acuerdo. Su interés es que quede claro que la deuda no fue inventada por Macri, sino que la heredó, endeudó menos y más barato.

 

 

Los federales le toman examen al AMBA

 

 

El despliegue de estas estrategias no es pacífico en ninguna de las dos partes. En el oficialismo lo revela el desinterés de varios mandatarios para mostrarse en la mesa del Museo del Bicentenario el miércoles. Ese desinterés no tiene como intención destratar al Ejecutivo. Se asienta en diferencias constantes y sonantes.

El eje federal es sólido en el terreno económico. Cerraron 2020 y 2021 con superávit fiscal. No preguntéis ni cómo ni por qué – giros, reconocimiento de deudas, suspensión de consensos fiscales, herencia de la gestión frigerista entre 2015-2019 – pero es así.

El equilibrio fiscal y financiero de las provincias – factor ausente en muchos análisis – les permite vigilar al peronismo del AMBA que gobierna el país, con la distancia de quien les toma examen.

También los habilita a expresar enojos con el estilo. Uno de los participantes, cuya identidad no revelaré, disparó sobre Axel Kicillof: «El huevón – dicho en el buen sentido – llegó tarde y le meó el asado a Alberto. ¿Para qué hace eso? No entiendo lo que quieren.” Se refería al discurso –y exabrupto- del gobernador de Buenos Aires contra la oposición, que había admitido participar con delegados.

Entre ellos estaban algunas estrellas de la política del interior, como Oscar González, presidente de la Legislatura de Córdoba y lunga manu de Juan Schiaretti y el vicegobernador Pedro Braillard Poccard, que gobernó antes Corrientes. O el radical Enrique Vaquié, ministro mágico de tres gobernaciones – Roberto Iglesias, Alfredo Cornejo y Rodolfo Suárez – el hombre que evitó el default de su provincia en la crisis de 2001 al recomponer el bono Aconcagua – una leyenda viviente del endeudamiento criollo que terminó de pagar Cornejo en 2018, 21 años en el cadalso.

 

 

¿Carta de intención antes de fin de mes?

 

 

Capitanich es el gobernador con más experiencia ejecutiva en el orden nacional y se mueve como si tuviera la carpetita de los secretos del gobierno sobre este acuerdo. El énfasis en responsabilizar a la oposición va de la mano de su confianza en que este mes el gobierno cerrará el acuerdo.

Según esa trama, puede ocurrir entre el 15 y el 25 de enero, con la firma de una carta de intención que contendrá los números del acuerdo, que rodean tres tópicos: 1) déficit fiscal, 2) financiamiento de ese déficit – es decir impuestos y reducción de subsidios, o sea aumento de tarifas, y 3) acumulación de reservas. Ese acuerdo bien vale una misa: lo que se conoce hasta ahora es inconsistente, por la falta de financiamiento del déficit.

La carta de intención – un acuerdo posible (el menos malo según funcionarios del ejecutivo) supone un timonazo con anuncios que el gobierno quiere sujetar a un manual de estilo, con metáforas y eufemismos, y sin malas palabras – ajuste, etc.-. La enviará al Congreso con el llamado “Plan plurianual», una versión nueva del presupuesto para 2022. El debate será en febrero, para que en marzo – mes cuando comienzan a cumplirse los pagos más comprometedores – se haya cerrado esta película.

 

 

La oposición no cree en lágrimas

 

 

Macri aconseja cautela, según lo que se escuchó por el zoom desde la serena Cumelén. No es la primera vez que llaman a la oposición buscando una foto y después todo queda en la nada. No es sólo la experiencia.

Luciano Laspina, el principal legislador de JxC en la Comisión de Presupuesto y Hacienda, comparte la idea de que el gobierno no quiere ningún acuerdo. Y que por eso hay que estarse lejos de cualquier explosión. «El gobierno prepara el discurso – entiende – para una eventual ruptura con el FMI. El acto fue una puesta en escena para culpar a la oposición o al FMI por un ajuste que será inevitable, con o sin el FMI, porque el gobierno se quedó sin financiamiento y sin reservas. Un gobierno que sólo sabe subir impuestos y gastos se encamina al fracaso. Y nadie quiere estar en esa foto. Por eso faltaron la mitad de los gobernadores».

No está lejos de esta opinión otro gurú del PRO, hoy más cerca de Horacio Rodríguez Larreta. En una minuta que distribuyó discretamente después de la reunión con Guzmán, Hernán Lacunza dijo que «el acuerdo no parece cercano: luego de dos años de conversaciones “constructivas” y a dos meses del primer vencimiento importante, la estrategia -algo infantil- parece procurar apoyos internos (gobernadores, sindicatos, empresarios) frente a los desacuerdos con el FMI, y eventualmente Estados Unidos».

Previene también de una emboscada a la oposición, como parece ser: «pedir acompañamiento a una propuesta inconsistente -similar a la del presupuesto 2022 – que viene perdiendo reservas desde el inicio de mandato y que probablemente termine mal – o pararla del lado del “ajuste del FMI”.

 

 

Si tu enemigo se equivoca, no lo avivés

 

 

Gerardo Morales, que avanzó varias casillas como cacique de Cambiemos, es quien tiene delegada la negociación con Olivos. Recibió la venia explícita de la mesa y la personal de Larreta, con quien tiene más entendimientos de los que manifiestan en público.

Morales propuso a Alberto que la reunión con Guzmán se hiciera el lunes en el Congreso. Guzmán quiere jugar de local, y pidió que fuera miércoles en el Ministerio de Economía. Quien puso ruido en la línea fue Sergio Massa, que transmitió a la oposición el enojo de su gobierno por las declaraciones de la mesa de Cambiemos y las críticas al ministro Guzmán. ¿Los querían domesticados?

Alfredo Cornejo propuso que la reunión sea ya mismo, que no los desgasten en los medios con la calesita de la indecisión, que dure poco y que no se hable de economía. En la mesa de Cambiemos dominó al final la idea de que la estrategia debe ser política. «No tenemos que decirle al gobierno qué tiene que hacer en economía».

Macri, que no está tan convencido de eso, se deja llevar por la sobrevaloración de la agenda económica propia de los conservadores – creen que las «buenas ideas» germinan en «buenas políticas». En la reunión criticó al gobierno porque debió de cerrar un acuerdo hace tres años. Le respondieron del ala política: que hagan lo que quieran. Y si van al default, estemos lejos.

Miguel Pichetto, que aporta años de mirar la política desde arriba, aconseja, napoleónico: si tu enemigo se equivoca, dejalo que lo haga, no lo avivés. En el encuentro del jueves mocionó por asistir al llamado del gobierno: somos la principal oposición, tenemos que mostrar una mínima institucionalidad. Llevó la idea de que a esa reunión deben ir los gobernadores y los jefes de bloque, pero no representantes de bloque minoritarios. Sabe lo que puede traslucir una reunión tan delicada si va Margarita Stolbizer. Y peor, si sale a explicarla. No vinimos para eso, diría albertamente.

 

*NotiAr/EC