27 enero, 2026
Como radiografía del turismo argentino durante 2025, se observa que salieron del país 11,9 millones de turistas locales, mientras que los arribos de turistas no residentes cayeron 14,3% interanual, hasta los 5,3 millones, según INDEC.
El turismo volvió a consolidarse en 2025 como uno de los principales factores de presión sobre el frente externo, con una fuerte aceleración de la cantidad de argentinos que viajan al exterior y una caída del ingreso de turistas extranjeros. La balanza turística profundizó su rojo: mostró un saldo negativo de 3,9 millones de personas en diciembre, según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).
A partir de enero, se producirán cambios en la difusión y periodicidad de las estadísticas, debido a que finalizó un convenio que llevaba más de dos décadas con la Secretaría de Turismo que conduce Daniel Scioli.
El país atrae cada vez más turistas españoles que registran más gasto y estadías más largas.
El turismo español marcó un año récord con más visitantes, mayores gastos y largas estadías
Como radiografía del turismo argentino en 2025, se observa que salieron del país 11,9 millones de turistas locales, un 43,1% más que en 2024, mientras que los arribos de turistas no residentes cayeron 14,3% interanual, hasta los 5,3 millones, según el INDEC. El resultado fue un saldo turístico negativo de 6,6 millones de personas, casi el triple del registrado un año antes.
Según un informe del Centro de Política Económica (CEPEC), el gasto de los turistas extranjeros apenas creció 3% interanual y alcanzó los u$s3.110 millones en 2025. En sentido contrario, el gasto de los argentinos en el exterior se disparó 39,2%, hasta los u$s7.164 millones. De este modo, el déficit de la balanza turística pasó de u$s2.125 millones en 2024 a u$s4.054 millones en 2025, un salto del 90,7%.
El turismo emisivo mostró además un cambio en la composición de la estructura del gasto, ya que cayó el peso del alojamiento, del 33,5% al 27,5%, y ganaron protagonismo las compras en el exterior y los paquetes turísticos, que pasaron a representar el 17,6% del total cada uno. Se trata de un patrón consistente con un escenario de dólar relativamente barato, que incentiva el consumo fuera del país y abarata los viajes organizados.
En paralelo, el turismo receptivo siguió condicionado por la pérdida de competitividad cambiaria. Pese a haber presentado algunos picos estacionales, el flujo de visitantes extranjeros no logró sostener una recuperación durante el año y terminó mostrando una contracción significativa en términos reales, con impacto directo sobre el ingreso de divisas.
El balance final deja una señal de alerta para la macroeconomía, debido a que el crecimiento del turismo emisivo y la debilidad del receptivo no solo amplían el déficit del sector, sino que refuerzan las tensiones sobre la cuenta corriente, en un momento en el que el Gobierno busca atesorar mayor cantidad de reservas en el Banco Central y el funcionamiento del turismo opera como una fuga de divisas.
Para el CEPEC, “el resultado es una balanza turística significativamente más deficitaria, que agrava las tensiones externas y refuerza la presión sobre la cuenta corriente, en un contexto donde la apreciación del tipo de cambio real aparece como un factor central para explicar la dinámica observada”.