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22 septiembre, 2021

Díaz Langou, de Cippec: Las políticas públicas y los problemas estructurales pendientes en el país

La directora Ejecutiva del think tank repasa las problemáticas que dejó la pandemia y da lineamientos de qué hacer para buscar soluciones en conjunto

«Mejorar las políticas públicas y que eso genere un cambio en la calidad de vida de las personas no se logra solo con investigaciones lindas que queden bien en la biblioteca. Es necesario discutirlas y que tengan impacto en los actores clave», dice Gala Díaz Langou, directora ejecutiva de Cippec, la organización independiente apartidaria cuyo objetivo es producir conocimiento y ofrecer recomendaciones para construir mejores políticas públicas para una sociedad más justa, democrática e inclusiva.
La institución, que fue reconocida como el mejor think tank de la Argentina por cuarto año consecutivo por el Global Go To Think Tank Index Report, elaborado por la Universidad de Pennsylvania en categorías como «política económica nacional» y «política social», en un año donde la gestión pública fue desafiada por la pandemia, la crisis sanitaria, la caída de la actividad económica y la transferencia de recursos fiscales, publicó 38 informes en el último año.

Tratamos de ajustar toda nuestra producción, la investigación y las recomendaciones para acompañar la emergencia y poner el foco en los temas con mayor prominencia dado el contexto. Desde acompañar el paso de la presencialidad a la virtualidad en la forma en que sesionaba el Congreso, hasta las implicancias del teletrabajo en las regulaciones laborales y el impacto del IFE en las familias que vieron sus ingresos interrumpidos por el cese de la actividad económica.

 

-Mostraron también qué trabajos podían pasar a la virtualidad y cuáles no y lo que implicaba para los trabajadores que no podían teletrabajar, en cuanto a riesgos y la falta de estructura de cuidados para su familia.

Exacto. No todos los trabajos son teletrabajables. Ahí se vieron las brechas de género y socioeconómicas y cómo los trabajadores de más alta calificación, con los trabajos mejor remunerados, podían hacer el tránsito al teletrabajo más fácil y rápido. El impacto de la pandemia fue la multiplicación exponencial de las desigualdades. Por ejemplo, una familia con trabajo informal o monomarental -a cargo de una mujer -, sufrió la suspensión de las clases, no podía asistir a su trabajo informal, se interrumpieron sus ingresos y, en situación de pobreza, no pudo encontrar changas por el aislamiento. Fueron meses de ciclos viciosos donde se vieron perjudicados mucho más que proporcionalmente los hogares que tenían vulnerabilidades mientras que otros pudimos seguir trabajando a la distancia, en relación de dependencia y tener cierta seguridad. La pandemia no generó nuevos problemas, sino que visibilizó y profundizó los que ya existían, estructurales. Y son problemas bastante amplios.

 

 

-¿Cuáles son? ¿Se puede hacer una lista de prioridades para enfrentarlos?

Hicimos una ronda de consultas con nuestros equipos y con muchos actores externos, la política, el sector privado, sindicatos, movimientos sociales, sociedad civil, academia y la cooperación internacional para identificar estos problemas estructurales que tiene la Argentina. El primero es la educación. Antes de la pandemia, la mitad de los chicos terminaba la secundaria. Hoy se estima que solo 2 de cada 10 lo hace y de ellos, la mitad -1 de cada 10- termina la secundaria con los saberes básicos, cálculos básicos y lectocomprensión. Y esto dialoga con un mercado de trabajo que requiere capacidades más complejas. Por eso es central tener una mirada fuerte ahí, que potencie trayectorias, terminalidad y aprendizajes con una mirada de justicia educativa. Y más, en un contexto donde la digitalización y las brechas en el acceso a infraestructuras y tecnología multiplican estas desigualdades.

Dos de cada 10 chicos termina la secundaria

El segundo gran tema es el de la inclusión social. La pandemia amplió la pobreza, pero también la profundizó: quienes estaban en pobreza crónica hoy están mucho peor que hace 2 años. Esto se da en un contexto de cambio demográfico: estamos envejeciendo como población. En 2040, con una población envejecida -la mayoría de los que vivamos en el país tendremos más de 65 años- implicará un peso enorme para la sociedad. Tendremos que ser mucho más productivos en el mercado de trabajo, más eficientes. Hoy 4 de cada de 10 argentinos viven en situación de pobreza y 6 de cada 10 niños, niñas y adolescentes, son pobres. Son estos niños y adolescentes que hoy viven en la pobreza quienes van a trabajar dentro de 40 años y tendrán que hacer un esfuerzo muchísimo mayor al actual para mantener un esquema de seguridad social decente y que no todos los adultos mayores sean pobres. Es un desafío muy grande y difícil de cambiar, aunque se puede mitigar. Trabajar en este sentido es muy importante.

 

 

-¿Y los demás?

El tercero es cómo lograr una matriz productiva que genere divisas, exportación, que alcance el máximo de productividad en cada uno de los sectores, sea compleja y diversa en lo territorial y genere empleo de calidad, sostenible. Luego, la crisis climática y cómo haremos para mitigar sus efectos en términos de adaptaciones y de resiliencia en las ciudades. Porque amplificará migraciones internas y externas, debido a catástrofes climáticas naturales.

El último eje transversal a todos es el de generar equilibrios macroeconómicos. Debemos lograr una macro más estable, una menor inflación y equilibrios en la balanza comercial que se vincule con la matriz productiva y la generación de exportaciones, pero también en las cuentas públicas y una más justa distribución de las transferencias que hace el Estado a la población en general y en la contracara de eso, el sistema tributario.

 

 

-Logran convocar al diálogo a sectores muy diversos que tienen intereses o miradas contrapuestas, que polemizan y que muchas veces no quieren dialogar.

Nuestra misión es tratar de mejorar las políticas públicas y que eso genere un cambio en la calidad de vida de las personas. Eso no se logra solo con investigaciones lindas que queden bien en la biblioteca. Es necesario discutirlas y que tengan impacto en los actores clave en estos procesos de políticas públicas. Tenemos una mirada amplia porque estos problemas tan estructurales requieren el liderazgo de toda la clase política y del gobierno y el involucramiento activo de otros actores y de sectores que muchas veces no se sienten parte de los problemas, ni parte de la solución. Los sindicatos, el sector privado, los movimientos sociales, la cooperación internacional, los medios tienen roles muy importantes para jugar. Parte de nuestro rol es tener estas conversaciones para encontrar las vías de solución.

No creemos ingenuamente que solo por el diálogo se llega a consensos. En muchos casos, habrá que identificar los disensos y clarificarlos mejor para agregar valor a las conversaciones. A las opciones que se planteen para resolver los problemas, hay que ponerles números y ver cuánto generan de crecimiento en 10 años, en empleo o reducción de pobreza.

Hacer estas estimaciones y poner la evidencia sobre la mesa ayuda a clarificar de qué estamos hablando. Muchos de estos problemas estructurales no se resuelven con soluciones de consenso en las que todos salen ganando: se resuelven con ganadores y con perdedores. La clave es pensar qué estrategias y qué temporalidades nos damos para compensar a quienes van a perder algo, porque esto es inevitable.

Y tener esas discusiones de manera abierta es bastante disruptivo porque en nuestra cultura política se tiende a ocultar y a generar estrategias compensatorias más opacas. Poder visibilizar eso y transparentarlo tiene un valor interesante para lograr equilibrios muy difíciles, que es lo que vamos a intentar. En algunos casos los intereses son divergentes, en otros casos son contrapuestos. Hay que poner las opciones sobre la mesa y tomar decisiones con costos y beneficios.

 

 

-¿Qué objetivos concretos se plantearon para lograrlo?

En los próximos 3 años nos vamos a dedicar a esos temas. El aniversario de los 40 años de democracia en 2023 es una buena oportunidad de hacer un balance, de plantear qué queremos para los próximos 40 años y ver qué podemos hacer ahora para lograr una Argentina más desarrollada, sostenible e inclusiva. Queremos generar recomendaciones concretas sobre cuáles son los primeros pasos para llegar a ese país mejor. El 2023 coincide con una elección presidencial, lo que permitirá discutir qué tiene que pasar en esos primeros 4 años de gobierno, de los siguientes 40 años de democracia.

 

 

-¿Qué opinás del papel de la sociedad en la demanda de que se tomen decisiones de política pública basadas en evidencia? Por ejemplo, los padres movilizados por la educación durante la pandemia, ¿crees que estos movimientos interpelan verdaderamente a la política?

Desde Cippec tratamos de poner lo que sabemos sobre la mesa y reconocer que hay vacíos de información o evidencias contrapuestas. En el tema de la presencialidad y la educación las evidencias eran discutibles. En otro tema que estudiamos, el del futuro del trabajo, las investigaciones sobre el impacto de la automatización sobre la fuerza de trabajo generada en Europa o EE.UU. no es aplicable a contextos como el local, una economía con un nivel de informalidad que quintuplica la de esos países. Por eso, hacemos el ejercicio de generar evidencia acá y adaptarla al contexto local con una mirada crítica.

Soy optimista porque veo que hay una mayor profesionalización de la política o de las decisiones públicas y hay mayor interés en fundamentarlas en datos y tomar en cuenta evaluaciones. Creo que al tener mayor disponibilidad de información se van a tomar mejores decisiones, o por lo menos, mejor informadas.

Y hay cierta demanda ciudadana por una fundamentación de las decisiones políticas, que también está muy recortada por las desigualdades. Los padres organizados por la educación es un movimiento ambacéntrico, de los grandes centros urbanos y de clase media alta, padres profesionales que tenían la posibilidad de teletrabajar y que necesitaban que los chicos estén en las escuelas porque si no, no podían hacerlo. No es la realidad de todo el país.

 

 

-¿Cuál es el rol del sector privado en la resolución de estos desafíos?

Es clave. Es uno de los actores que se tienen que involucrar muy activamente en la resolución de los problemas. Desde brindar acceso a la tecnología para la educación y el teletrabajo hasta el rol que tienen hoy en espacios de cuidado o las pymes y las grandes empresas, en redefinir la matriz productiva y lo que tiene que ver con la economía del conocimiento.

Esto implica entender que el sector privado también es parte de la generación de estos problemas sistémicos. Para resolverlos hay que generar activamente conversaciones con todos los otros actores en pos de un mayor desarrollo: si nadie cede es imposible salir de esta situación de problemas estructurales. Es necesario que se generen concesiones en estos sectores. Implica tener discusiones mucho más francas sobre cuáles son las temporalidades de estas concesiones y qué seguridad damos para que les generen ganancias en el mediano plazo.

Ahí la Argentina ha tenido desafíos históricos, en la previsibilidad en estos juegos de doble temporalidad, dada por los vaivenes macroeconómicos y políticos que han marcado nuestra historia reciente. Hay una clave en lograr tener esta mirada intertemporal mucho más compartida entre la clase dirigente, la política y actores no estatales para generar estos acuerdos de mediano plazo que trasciendan gobiernos y ciclos económicos, que sean estables y establezcan ciertas reglas básicas de juego que permitan juegos de conceder hoy para ganar mañana.

 

 

-Hace poco desde el sector privado surgió el tema de la situación de los jóvenes y el primer empleo y se planteó como algo sorprendente que no tuvieran la calificación adecuada para el mercado de trabajo. Pero es algo que se sabía desde hace tiempo, ¿al sector privado le ha costado tomar una acción más protagónica?

El problema de los ni-ni es un ejemplo donde todas las soluciones que se buscan parten de una mala concepción del problema. Lo descubrimos en 2011 y 2012 haciendo un proyecto sobre jóvenes en la provincia de BA que reveló que estos jóvenes, que no estudian ni trabajan ni buscan trabajo, son triple «ni», que son inactivos, en un 75% eran mujeres. Contrariamente a lo que planteaba el imaginario popular, los jóvenes no estaban tomando cerveza en una esquina, sino que eran en su mayoría chicas que cuidaban al interior de sus hogares a hermanos menores, a sus hijos o a mayores. Los varones habían dejado la escuela para trabajar y al no conseguir trabajo, quedaban inactivos. Es un problema complejo.

Las soluciones que se dirigen a estos problemas son de dos tipos: becas, para que vayan a la escuela, pero que no resuelve el tema de cuidado de menores; y pasantías en lugares de trabajo, que tampoco resuelven el problema de base. Se requieren servicios de cuidado y otros esquemas de reconocimiento a esas tareas. El mal diagnóstico del problema genera soluciones que casi no tienen impacto: el porcentaje de ni-ni no cambió en los últimos 10 años y con esta crisis, creció. Los jóvenes -y las jóvenes, en particular- son las primeras expulsadas del mercado de trabajo con las contracciones, y son las últimas en volver. Ahora hay un problema de profundización del efecto del ciclo macroeconómico y la contracción del empleo, y cuando salen noticias como estas se vuelve a poner luz sobre un tema que desde la investigación estaba bastante trabajado, pero no permea al debate público.

 

 

-¿Cómo lograr políticas públicas innovadoras? ¿Tenés algún ejemplo de alguna que se deba implementar?

Hay cosas en las que estamos un poco atrás. Una es muy clara para el contexto actual: debemos repensar los esquemas tributarios y adaptarlos a esta lógica de globalización porque hay muchas empresas que se están radicando afuera y operan acá y nuestros sistemas tributarios siguen una lógica mucho más vieja. Debemos entender mejor esos incentivos y sobre todo en el Mercosur deberíamos tender esos puentes de manera más integral.

Otro tema es usar la información de manera más inteligente para mejorar las políticas públicas. Hay países que lo logran, incluso con información longitudinal, siguiendo a las personas en todo su ciclo vital. Tenemos un sistema estadístico sólido y fuerte pero no tenemos tan aceitado el mecanismo de cómo se usa esa información estadística para alimentar la toma de decisiones y el diseño de políticas. Usando ciencia de datos y procesamiento de grandes bases se puede generar información muy útil para conocer determinantes y generar patrones distintos en educación, vivienda, impuestos, salud.

 

 

-Hay distintas velocidades entre las demandas de la sociedad y las decisiones de política pública en respuesta.

Sí. Hoy se toman decisiones con base en el censo del 2010 pero la sociedad cambió radicalmente en los últimos 11 años. Por eso creemos que hay que dar discusiones de fondo en momentos como el actual. Nos dicen que no es momento de discutir el largo plazo en este momento de emergencia, con una crisis tan profunda. En Cippec estamos convencidos de lo contrario: en la medida en que no demos estas discusiones no vamos a salir de estas crisis; es interesante darlas ahora con la esperanza de llegar a un resultado distinto al de los últimos 40 años