21 febrero, 2026
Con un aumento del 20% en las exportaciones a partir de una expansión en el mercado de Estados Unidos, el vannamei generó ingresos por 8.400 millones de dólares en 2025. Es un ‘competidor desleal’ y peligroso para el calificado ‘langostino salvaje’ que se produce en Patagonia por precios y agilidad productiva
El camarón de cultivo de Ecuador logró en 2025 cifras de exportación superiores a las del petróleo y aunque el sector lo asume como un fenómeno coyuntural, buscarán sostener el nivel alcanzado. Les preocupan las deficiencias de las instituciones sanitarias ecuatorianas para sostener estándares que exigen los países copradores.
El Litopenaeus vannamei, conocido como camarón blanco del Pacífico o langostino patiblanco, es la especie de crustáceo decápodo más cultivada a nivel mundial. Nativo del Pacífico oriental (desde México hasta Perú), es altamente valorado en acuicultura por su rápido crecimiento, alta adaptabilidad a diferentes salinidades y temperaturas, y gran demanda comercial, liderando la producción global con Ecuador como principal exportador y a EEUU como el principal comprador.
Una combinación de factores lo hizo posible: la caída de las ventas petroleras (-19%), los aranceles impuestos por el gobierno de Donald Trump a India —principal proveedor de camarón del mercado estadounidense— que favorecieron el ingreso del producto ecuatoriano, y las inversiones del sector acuícola para abastecer esa demanda adicional.
Sin embargo, el sector identifica sus principales desafíos no en el plano productivo sino en el institucional, particularmente en la capacidad de las entidades sanitarias para acompañar el crecimiento exportador.
El presidente de la Cámara Nacional de Acuacultura de Ecuador, José Antonio Camposano, declaró a la agencia Reuters que las exportaciones de camarón aumentaron un 20% interanual en 2025, alcanzando los 8.400 millones de dólares.
Camposano se mostró cauteloso respecto de la posibilidad de mantener en 2026 estos niveles en el mercado estadounidense, al considerar que el récord respondió a “un efecto marginal” observado exclusivamente en ese destino como consecuencia de los aranceles aplicados a India.

Ese escenario comenzó a modificarse recientemente. El gobierno estadounidense anunció un acuerdo comercial con India que reduce nuevamente los aranceles a cambio de concesiones comerciales y energéticas, lo que podría alterar las condiciones que favorecieron al camarón ecuatoriano. “Habrá que ver lo que sucede a partir de este año con las nuevas tasas que se impongan”, indicó Camposano, y remarcó que la situación genera “cierta incertidumbre”.
La posibilidad de convertirse rápidamente en sustituto del camarón indio —que llegó a representar entre el 22% y el 23% de la producción ecuatoriana destinada al mercado estadounidense— fue posible gracias a las inversiones realizadas en los últimos años para mejorar la producción.
Según el dirigente, esas inversiones también impactaron en las cooperativas de cultivo, que hoy necesitan recuperar el desembolso de dinero de los últimos tres años. Por eso, más allá de la evolución del mercado estadounidense, el sector busca sostener el actual nivel de exportaciones e incluso proyecta un crecimiento adicional del 5% para 2026.
China continúa siendo el principal destino del camarón ecuatoriano, con cerca del 48% de las exportaciones, aunque el sector trabaja para consolidar sus ventas en Estados Unidos, la Unión Europea y Japón, mercado en el que aseguran estar creciendo.
Uno de los principales inconvenientes señalados por los productores es la capacidad de las entidades estatales para garantizar las condiciones sanitarias exigidas por los mercados internacionales.
“El acceso y la permanencia en los mercados internacionales no dependen únicamente de acuerdos comerciales, inversión o promoción. Dependen de la solidez de las instituciones encargadas de garantizar la calidad e inocuidad de los productos exportables. Sin autoridades técnicas fuertes, creíbles y operativas, cualquier agenda comercial queda incompleta”, afirmó Camposano.
Según el dirigente, organismos como Agrocalidad y la Subsecretaría de Calidad e Inocuidad evidencian “una brecha cada vez más profunda entre el crecimiento de los sectores exportadores y la capacidad operativa de estas autoridades”. A su entender, no se trata de una situación coyuntural, sino del resultado de un deterioro acumulado en los últimos años.
En un contexto de mercados cada vez más exigentes y ante el anuncio de mayores controles sanitarios por parte de Estados Unidos, la debilidad institucional en materia sanitaria se convierte en un factor de riesgo para el sector. “Un país que apuesta por más exportaciones debe apostar, al mismo tiempo, por autoridades sanitarias a la altura de esa ambición”, apuntó Camposano poniendo en evidencia un grave problema del sector.