En Trelew el 2027 ya empezó. No para la gente común. Pero para el círculo rojo de la ciudad, la elección ya tiene nombres, conversaciones y movimientos. Cuatro figuras ordenan hoy la discusión: Merino, Colliñir, Massoni y Maderna. Cuatro estilos. Cuatro marcas. Una sola ciudad que sigue buscando una salida.
Por Pablo Das Neves*
Trelew siempre fue una ciudad demasiado politizada para resignarse a ser apenas una ciudad de servicios. De Trelew salieron gobernadores, ministros, operadores y dirigentes que entendieron temprano que en Chubut la política no se mira desde lejos: sino que se juega en la mesa chica. Hoy esa tradición está volviendo. Hay un transvasamiento generacional en marcha, agendas menos rígidas y una transversalidad que no siempre se admite en público, pero se practica bastante en privado.
Merino: el que gobierna y debe cuidarse de sí mismo
Gerardo Merino, intendente de Trelew desde 2023, es el oficialismo. Y no cualquier oficialismo: es el radicalismo volviendo a manejar la ciudad después de décadas mirando la discusión desde afuera. Ordenó el partido local, disciplinó a buena parte de los propios y logró instalar una idea simple: después del madernismo, volvió la gestión y el orden.
Su principal activo es el contraste. Para Merino, Maderna sigue siendo útil como espejo negativo. Antes había desorden, ahora hay administración. Antes había municipio como botín, ahora hay municipio como tablero de gestión. Pero esa comparación tiene fecha de vencimiento. La herencia recibida ayudo a explicar el punto de partida; no alcanza para explicar todo el mandato.
El riesgo para Merino es quedarse demasiado cómodo discutiendo con un gobierno que ya terminó. Trelew no vive de balances retrospectivos. Vive de empleo, servicios, calles, seguridad y expectativas. Si la gestión no muestra resultados propios, la memoria del pasado va a pesar menos que el enojo del presente.
El radicalismo local aparece ordenado detrás de él. Después de años de dispersión e internas eternas, el partido encontró una jefatura clara. El caso de Victoriano Eraso Parodi es ilustrativo: viene de un radicalismo viejo, transero y perdedor encarnado en la figura de Mario Cimadevilla, pero decidió pararse en un lugar más moderno y ejecutivo, alineado con el nuevo polo de poder.
La pregunta es si Merino podrá administrar su propio crecimiento. Si escucha cantos de sirena, sobreactúa autonomía y empieza a plantearle diferencias al gobierno provincial, puede terminar enfrentando los problemas de Trelew en soledad. En una ciudad como esta, eso no es rebeldía épica. Es suicidio político.
Maderna: el exilio táctico
Adrián Maderna, ex intendente que gobernó Trelew hasta 2023, está en una suerte de exilio táctico. No está muerto, pero sabe que si asoma demasiado la cabeza le van a tirar. Su gestión dejó heridas, cuentas pendientes y una memoria pesada en buena parte del electorado.
Pero en el madernismo no piensan que todo está perdido. Están convencidos de que conservan volumen, vínculos y territorio. Maderna siempre fue práctico: su espacio no se enamora de las etiquetas, busca poder. Si hay que juntar tribus marginales, las junta. Hoy su estrategia es esa: una confederación de partidos municipales cargada de heridos, resentidos y nostálgicos. El pragmatismo es así.
Su espada visible es Aguilar en el Concejo Deliberante. Propios y extraños le reconocen trabajo y oficio. Pero carga con la mochila de pertenecer a un espacio que todavía debe explicar demasiado. El madernismo tiene una virtud y un problema en el mismo lugar: nadie puede negar que sabe moverse, pero justamente por eso todos lo miran con desconfianza. El habitual tono de pastor evangélico que caracteriza a Maderna ya no es un activo entre aquellos con cuantas impagas.
Sin embargo, nadie puede negarle su oficio pragmático: Hace tres años, el madernismo se metió en la interna radical con cientos de afiliaciones y terminó volcando votos hacia Merino. En ese momento, Maderna soñaba con ser la pata peronista de Torres. Hoy esa relación no está rota, pero sí dañada. Igual, en Trelew todos hablan con todos. Y el que dice que no habla, generalmente es el que habla más.
Massoni: el bizarro insistidor
Federico Massoni es un caso raro: intenso, bizarro, aunque nunca del todo irrelevante. En su espacio se presentan como liberales de verdad — sin pertenencia formal a La Libertad Avanza — con planes probados para la ciudad y vocación de orden y gestión.
Sus opositores lo ven diferente. Niegan que tenga el volumen que declaman y le señalan apariciones exageradas y un estilo más pensado para el impacto mediático que para la construcción política paciente. Recuerdan su paso por la seguridad provincial, sin resultados concretos, con una exposición que complicaba más de lo que ayudaba.
Pero subestimarlo sería un error. Massoni insiste, vuelve, busca, arma, conversa y pierde — siempre pierde— pero sigue intentando. Su problema es otro: debería preguntarse si conocimiento es lo mismo que imagen, y si imagen es lo mismo que intención de voto. Spoiler: no lo es.
Lo más curioso de su presente es que hoy conversa con un exfuncionario al que en otros tiempos le allanó la casa y participo de su detención. Trelew tiene esas vueltas. Ayer te metí preso, hoy me asesoras políticamente. La política local no cree en la coherencia, pero sí en la utilidad.
En el oficialismo provincial y municipal, Massoni está anotado como enemigo claro. Pero en su espacio dejan trascender que tienen preparadas carpetas que podrían complicar al gobierno local y provincial. En Trelew, las carpetas son como los matafuegos: todos dicen tener una, aunque nadie sabe si funcionan hasta que se prende fuego la pieza.
Colliñir: la esperanza blanca manchada
Emanuel Colliñir, referente del peronismo trelewense, es para muchos la figura más interesante de este mapa. Milita, camina, habla con sectores económicos y parece entender que para crecer necesita acuerdos, no solo identidad partidaria. Tiene método, escucha y una ventaja sobre otros peronistas: no parece creer que el pasado alcance para ganar el futuro.
Pero carga con una mochila evidente: su pasado kirchnerista. Es el muerto en el placard que le van a sacar cada vez que levante la cabeza. Especialmente en sectores económicos, donde la marca K sigue generando más dudas que entusiasmo. Colliñir parece embarcado en despegarse de esa carga sin romper del todo con su historia. No es fácil, pero es el trabajo que está llevando adelante.
Hay una pregunta incómoda que circula en el radicalismo local: ¿por qué Colliñir es un león como oposición a Merino y apenas un gatito mimoso como oposición a Torres? La diferencia de intensidad despierta sospechas. Algunos lo leen como prudencia. Otros, como una señal de un acuerdo. En política, el volumen de la crítica suele decir tanto como el contenido.
A eso se suma otro dato: las oficinas de Colliñir reciben cada vez más visitas de terceras líneas radicales que no se sienten contenidas por Merino. También hay diálogo entre segundas líneas colliñiristas, madernistas y massonistas. Parece que todos tienen el número de todos. Y en Trelew, cuando todos tienen el número de todos, nadie está tan lejos de nadie.
El peronismo tradicional y el mapa que se mueve
El peronismo tradicional está bastante más flaco que en sus años de gloria. El Mackarthysmo, que supo ser una marca de poder real en Trelew, hoy parece una postal de vieja política: poca gestión real, reuniones chicas, mate, tortas fritas y poca demostración concreta de volumen. El CHUSOTO, mientras tanto, entró en una zona tan irrelevante que no merece más que una línea. Y esta línea ya fue demasiado generosa.
Lo que queda es un mapa en movimiento. Merino gobierna, pero debe cuidar que la gestión no se le vuelva una carga. Maderna espera, pero sabe que cada aparición puede reactivar viejas facturas. Massoni insiste, pero debe demostrar que puede convertir ruido en votos. Colliñir crece, pero necesita resolver su problema de marca.
El presente
Trelew está cansada, dependiente, exigente y desconfiada. Pero sigue siendo una plaza demasiado importante para que la provincia la mire de costado. Quien ordene Trelew no solo gana una intendencia. Gana una plataforma provincial, una red de conversaciones empresarias, sindicales y judiciales, y una posición estratégica.
Por eso todos se mueven. Algunos con gestión. Otros con carpetas. Algunos con militancia. Otros con nostalgia. Algunos con votos reales. Otros con encuestas imaginarias.
Trelew ya no premia solo la historia. Empieza a exigir futuro.