Según la lectura política del analista Pablo Das Neves, la imagen conjunta no confirma una fórmula para 2027, pero expone la primera señal visible de coordinación entre los dos dirigentes que recorren Chubut por el PJ.
La Tregua
Por Pablo Das Neves*
Frente a una posible alianza entre Ignacio Torres y La Libertad Avanza, el peronismo empieza a entender que otra interna descontrolada sería una forma bastante sofisticada de perder antes de votar.
En política las fotos casi nunca cuentan solamente lo que pasó. Generalmente anuncian lo que sus protagonistas quieren que los demás empiecen a imaginar.
La de Juan Pablo Luque y Dante Bowen tuvo apenas un apretón de manos y cinco palabras: “Unidos por el futuro de Chubut”. No hubo fórmula, reparto de candidaturas ni documento programático. Tampoco hacía falta. En la política de las señales, a veces alcanza con dejarse ver juntos.
La imagen apareció después del lanzamiento de Bowen en el Teatro Verdi de Trelew, donde el intendente de Dolavon se mostró dispuesto a disputar la Gobernación bajo el paraguas del Movimiento Derecho al Futuro, el espacio nacional que impulsa a Axel Kicillof. Estuvo Daniel Gollán y hubo bendición bonaerense. El colorado cruzó una frontera: empieza a ponerle nombre a su ambición.
Luque, en cambio, conserva la ambigüedad estratégica. Recorre la provincia, junta avales, visita consejos de localidad y habla con intendentes, concejales, sindicatos y empresarios, pero evita cerrar públicamente su destino. Esa indefinición no es una debilidad accidental. También es una herramienta: mientras no diga qué quiere ser, todos necesitan hablar con él.
Por eso, la foto no debe leerse todavía como el anticipo de una fórmula. Es algo más básico y, quizás, más importante: una tregua.
Los dos entendieron que, si el acuerdo entre Ignacio Torres y La Libertad Avanza termina de madurar, el peronismo no tendrá margen para regalar otra guerra interna.
Nada ordena más que el miedo
Las negociaciones entre Fontana 50 y los libertarios están lo suficientemente avanzadas como para ordenar las decisiones de sus adversarios, aunque todavía falten firmas, lugares en las listas y algunas fotografías más incómodas.
Una coalición entre Torres y LLA podría combinar la estructura territorial del Gobierno provincial, los intendentes, los recursos de gestión y la imagen del gobernador con el voto nacional que todavía conserva Javier Milei en Chubut. Sería un frente potente, aunque internamente difícil de administrar: libertarios, radicales, peronistas desencantados, dirigentes del PRO, vecinalistas y caudillos municipales no suelen entrar en la misma habitación sin preguntar primero cuántas sillas hay.
Pero una cosa es la convivencia futura y otra muy distinta la capacidad electoral. Con los números y las imágenes actuales, Torres sigue siendo el favorito. Tiene el gobierno, calendario, estructura y una valoración personal superior a la de cualquiera de sus posibles adversarios.
El peronismo empieza a asumir ese diagnóstico. No necesariamente porque haya resuelto sus diferencias, sino porque descubrió que el miedo a perder suele ser más eficaz para construir unidad que veinte congresos partidarios.
Luque y Bowen caminan la provincia por carriles propios, pero ya no parecen interesados en chocarse de frente. Habrá competencia, mediciones y operaciones. La pregunta es si conseguirán que esa disputa termine en una síntesis o si, como tantas veces, la unidad durará hasta que haya que discutir quién encabeza.
La unidad empieza en los municipios
Mientras las figuras provinciales ensayan gestos, en varios puntos de Chubut se desarrolla un proceso menos visible: la búsqueda de acuerdos locales para evitar internas municipales.
En Esquel, Trevelin y Trelew ya hay conversaciones para ordenar candidaturas desde abajo hacia arriba. La lógica es simple: si cada ciudad llega al armado provincial con tres candidatos a intendente, dos listas de concejales y una docena de heridos, no habrá fotografía capaz de disimular la fractura.
La idea es construir una sola línea municipal y que esa estructura empuje después una propuesta provincial común. Primero ordenar las ciudades; después discutir la Gobernación.
No es romanticismo militante. Es matemática electoral.
El peronismo aprendió —o debería haber aprendido— que las internas no terminan cuando se cuentan los votos. Siempre queda alguien que no fiscaliza, otro que trabaja a media máquina y un tercero que descubre, justo antes de la elección general, que tenía un viaje familiar impostergable.
La unidad de abajo hacia arriba busca evitar precisamente eso. Queda por saber si los dirigentes provinciales estarán dispuestos a respetarla cuando llegue el momento de repartir candidaturas.
El dilema de Luque sigue estando en Comodoro
Juan Pablo Luque continúa recibiendo presiones para volver a competir por la Municipalidad de Comodoro Rivadavia.
El planteo del peronismo comodorense es pragmático: primero hay que proteger el bastión; después se verá la Provincia.
Comodoro sigue siendo la principal reserva electoral, institucional y económica del PJ chubutense. Perder la ciudad significaría mucho más que entregar una intendencia. Sería perder caja política, estructura, concejales, capacidad de movilización y la plataforma desde la cual el peronismo suele imaginar el poder provincial. Sin contar la apertura de la caja de pandora que significaría descubrir que se esconde en mas de veinte años de gobierno.
Por eso, algunos dirigentes le sugieren a Luque asegurar Comodoro durante otros cuatro años y dejar la Gobernación para una etapa posterior. No es la aventura más heroica, pero puede ser la más racional. En política, sobrevivir también es una estrategia.
Además, el peronismo comodorense se ilusiona con un piso que signifique conservar la Municipalidad y alcanzar el control de la Legislatura provincial. Sería una manera de limitar a un segundo gobierno de Torres, condicionar leyes sensibles y conservar poder real incluso perdiendo la Gobernación.
El problema es que no todos parecen jugar con la misma intensidad.
En conversaciones reservadas, varios dirigentes comodorenses apuntan especialmente al senador Carlos Linares y al intendente Othar Macharashvili. Les reprochan prudencia excesiva, silencios y una relación demasiado cuidadosa con los gobiernos provincial y nacional.
La versión más picante que circula dentro del propio peronismo es que ambos temen algún “carpetazo” y que, por eso, evitan cruzar ciertas líneas. Es una interpretación política, no una certeza. Pero en la rosca importa tanto lo que realmente ocurre como aquello que los propios compañeros creen que puede estar ocurriendo.
Y hoy, en una parte del PJ comodorense, sienten que algunos quieren conservar el poder sin asumir los riesgos necesarios para defenderlo.
Madryn, territorio ocupado
Puerto Madryn es probablemente el distrito más complejo para el peronismo.
Los hermanos Sastre construyeron allí un sistema de poder que hace tiempo dejó de depender exclusivamente del sello partidario. Controlan estructura municipal, relaciones empresariales, presencia territorial y vínculos transversales. Hoy aparecen cerca de Torres, aunque en Chubut nadie pondría las manos en el fuego por la duración de una alianza política de los Sastre.
No nacieron dentro del PJ tradicional, pero conservan dirigentes, relaciones y terminales dentro de sus estructuras. Conocen el partido y saben moverse en sus zonas grises. Esa doble pertenencia les permite negociar con el oficialismo provincial sin romper completamente los puentes con el peronismo.
Desde el PJ aseguran que no están dispuestos a entregar Madryn sin pelear.
Luque ya comenzó a caminar el territorio de manera explícita, con reuniones reservadas y exhibiendo acompañamientos de dirigentes y concejales. Por debajo también se buscan alternativas: dirigentes sociales, referentes políticos y empresarios que podrían encabezar una propuesta competitiva si los Sastre terminan incorporados definitivamente a la coalición de Torres.
La tarea no será sencilla. Una cosa es conseguir fotografías y otra encontrar a alguien dispuesto a enfrentar una estructura que lleva años administrando poder, relaciones y expectativas.
Madryn, además, obliga al PJ a resolver una contradicción: necesita renovar dirigentes, pero muchos de quienes podrían financiar o sostener una alternativa también hicieron negocios o mantuvieron buenas relaciones con el sistema político que ahora dicen querer enfrentar.
En política, las conversiones suelen ser veloces; la confianza, bastante menos.
La ventaja y el problema de Bowen
Para Dante Bowen, una candidatura a gobernador sería extremadamente difícil. Tiene un nivel de desconocimiento alto, gobierna un municipio pequeño y todavía carece de una estructura provincial comparable con la de Luque o Torres.
Pero ese diagnóstico tiene otra lectura.
Los candidatos más instalados ya suelen tener un piso y techo electoral. Los conocen quienes podrían votarlos y también quienes jamás lo harían. Bowen todavía tiene margen para crecer porque buena parte de la provincia aún no construyó una opinión definitiva sobre él.
El desconocimiento es un problema hasta que empieza una campaña. Después puede convertirse en una oportunidad.
Hay otra señal que en la política provincial no pasó inadvertida. Un medio radial valletano muy cercano al oficialismo castiga a Bowen prácticamente todos los días. Puede ser una decisión editorial, por supuesto, ya que el conductor suele ser un mal administrador de sus resentimientos. Pero en la política de Fontana 50, la frecuencia de los golpes suele funcionar como un pequeño estudio de opinión: no se gasta tanta pólvora en alguien a quien se considera irrelevante.
Que lo ataquen no demuestra que Bowen sea un candidato competitivo. Sí indica que alguien comenzó a mirarlo con recelo.
Incluso perdiendo, ser candidato podría resultarle un buen negocio político. Una campaña provincial le permitiría dejar de ser visto como el intendente de un pueblo chico, construir conocimiento, sumar dirigentes, formar equipos y negociar desde otro lugar en el futuro.
Luque necesita ganar o preservar Comodoro. Bowen, en cambio, puede crecer aun perdiendo. Esa diferencia explica por qué ambos pueden coordinar sin tener exactamente los mismos intereses.
Los empresarios que vuelven a tocar la puerta
En Trelew y Rawson también comenzó otro movimiento.
Algunos empresarios que mantenían una buena relación con el gobierno de Torres, pero hoy se sienten desplazados, decepcionados o directamente enfrentados con Fontana 50, y empezaron a conversar con dirigentes del PJ.
El peronismo escucha, aunque con cautela. La advertencia que circula hacia adentro es bastante concreta: que nadie crea que una ayuda de campaña habilita automáticamente a poner legisladores, sugerir ministros o diseñar áreas enteras de un eventual gobierno.
La desconfianza es mutua. Los empresarios quieren garantías; el PJ teme convertirse en refugio temporal de sectores que mañana podrían volver al oficialismo provincial si reciben una llamada adecuada.
Nadie rechaza apoyos en una campaña difícil. Pero tampoco nadie olvida que, en Chubut, algunos empresarios tienen más camisetas políticas que reuniones de directorio.
Qué hacer con el viejo peronismo
La construcción de unidad tendrá otra prueba: la relación con el viejo peronismo.
Hay dirigentes históricos que restan más de lo que suman, figuras con más pasado que votos y supuestos armadores que hace años solo trabajan para intereses propios. Pero también existen dirigentes con territorio, experiencia, relaciones sindicales y capacidad de movilización.
El desafío será incorporarlos sin entregarles nuevamente el control de todo.
Si los nuevos armados los humillan o los expulsan, algunos podrían terminar en la coalición de Torres simplemente para ser escuchados, conseguir un lugar o preservar una cuota de influencia. El oficialismo provincial ya demostró que no tiene demasiados prejuicios para sumar peronistas, radicales, vecinalistas o dirigentes de cualquier procedencia si aportan territorio.
La unidad no puede ser un museo, pero tampoco una purga.
Bowen, Luque y la conducción partidaria tendrán que distinguir entre quienes reclaman participación porque todavía representan algo y quienes utilizan el argumento de la experiencia para esconder que ya no representan a nadie.
Con la foto no alcanza, sin la foto no se puede
Hoy, aun con una candidatura peronista única, derrotar a Torres sería muy difícil si el gobernador cierra con La Libertad Avanza.
La foto de Luque y Bowen no modifica esa relación de fuerzas. No resuelve Comodoro, no recupera Madryn, no ordena Trelew y tampoco define qué harán Linares, Othar o el viejo aparato partidario.
Pero establece algo que hasta ahora no existía públicamente: la posibilidad de que los dos dirigentes que más claramente recorren la provincia entiendan que competir no necesariamente significa destruirse.
No hay fórmula. No hay acuerdo cerrado. Probablemente tampoco haya confianza completa.
Hay una tregua nacida de la necesidad.
El peronismo todavía está lejos de poder ganarle a Torres. Pero por primera vez parece ir en la dirección correcta. Su primer desafío, bastante más modesto, es dejar de ayudarlo a ganar.