8 enero, 2026
Durante décadas, Robin Hood ha sido contado como un héroe casi inmaculado. Un arquero noble, un ladrón con causa, una figura moldeada para encajar en el imaginario popular. La nueva película de A24 decide mirar ese mito desde otro lugar. Más áspero. Más honesto. Más humano.
Por Carolina De La Torre*
La muerte de Robin Hood, escrita y dirigida por Michael Sarnoski, presenta a un Robin envejecido, herido y agotado, interpretado por Hugh Jackman. El tráiler deja claro que aquí no hay espacio para la épica tradicional ni para el romanticismo del bosque de Sherwood. Lo que vemos es a un hombre que carga con el peso de una vida marcada por la violencia, los crímenes y la sangre, enfrentado por primera vez a la posibilidad real de morir y, quizá, de entender quién fue en realidad.
Esta versión del legendario forajido se aleja del arquetipo del héroe popular. El Robin Hood de Jackman no lidera una banda alegre ni roba por puro idealismo. Es un solitario curtido en batalla, consciente de que el folclore que lo rodea ha exagerado sus gestas y suavizado sus actos. En uno de los momentos más contundentes del avance, el personaje confiesa haber matado a tantos que ya no puede contarlos, una frase que funciona como eje moral de toda la película.
La historia se sitúa en el ocaso de su vida. Tras una batalla que él mismo cree definitiva, Robin queda gravemente herido y termina bajo el cuidado de una mujer misteriosa interpretada por Jodie Comer.
Ella no llega como salvadora clásica ni como interés romántico evidente, sino como una presencia incómoda que le ofrece algo mucho más difícil: la posibilidad de seguir viviendo y enfrentarse a su pasado. La redención aquí no es un acto heroico, sino una pregunta abierta.
El reparto que acompaña a Jackman refuerza el tono sombrío del proyecto. Bill Skarsgård, Murray Bartlett, Noah Jupe y Elijah Ungvary forman parte de una historia que se siente más cercana a un thriller psicológico que a una aventura medieval. Cada personaje parece existir no para engrandecer la leyenda, sino para erosionarla.
Detrás de cámara, Michael Sarnoski consolida una filmografía que ha sabido moverse entre lo íntimo y lo espectacular sin perder identidad. Tras Pig y Un lugar en silencio: Día uno, el director vuelve a centrarse en personajes rotos, en hombres marcados por sus decisiones y por la forma en que el mundo los recuerda.
Él mismo ha señalado que le interesa esa contradicción central: un criminal violento convertido, con el paso del tiempo, en símbolo heroico. La película parece construirse justo en ese choque entre la memoria colectiva y la verdad personal.
La producción se llevó a cabo en Irlanda del Norte y cuenta con el respaldo total de Lyrical Media, con A24 a cargo de la distribución en Estados Unidos tras adquirir los derechos en Cannes 2024. En Reino Unido e Irlanda, el estreno correrá a cargo de True Brit Entertainment, mientras que los derechos internacionales están gestionados por WME Independent.
Más allá del tráiler, La muerte de Robin Hood se perfila como una reflexión sobre cómo se fabrican los mitos y qué ocurre cuando quienes los encarnan ya no pueden sostenerlos. No se trata de destruir una figura histórica, sino de mirarla sin adornos, aceptando que los héroes también envejecen, dudan y se quiebran.
La película llegará a cines en 2026 y, si algo deja claro su primer adelanto, es que no busca iniciar una franquicia ni ofrecer consuelo. Lo que propone es algo más incómodo: preguntarnos por qué necesitamos héroes, y qué hacemos cuando la verdad detrás de ellos resulta difícil de mirar.