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8 abril, 2022

Energía: la economía del hidrógeno promete desarrollo de tecnología y negocios nacionales

Siendo hasta hace muy pocos años una industria completamente desconocida para la gran mayoría, el hidrógeno desata cada vez más expectativas energéticas y aparece como una de las grandes promesas de la economía argentina para la transición mundial

Energía: la economía del hidrógeno promete desarrollo de tecnología y negocios para el país

Por Fernando Heredia 

Apenas conocidos los resultados del “Consorcio H2ar, Santiago Sacerdote explicó los puntos más relevantes del informe y las etapas que se vienen. “Esta década será de validación tecnológica y de escalado”, aseguró el Gerente General de Y-TEC.

Siendo hasta hace muy pocos años una industria completamente desconocida para la gran mayoría, el hidrógeno acapara cada vez más espacio en los medios de comunicación y se afirma como una de las grandes promesas de la economía argentina que podría transformar el futuro de la transición energética mundial.

Ahora, la publicación del informe encargado por el “Consorcio H2ar” no solo confirma su potencial en el país, sino que constituye un punto bisagra para su desarrollo al reflejar costos incluso más bajos que los esperados, lo que abre la puerta a una nueva etapa donde las empresas verán un incentivo mucho mayor para participar en los próximos proyectos pilotos.

Santiago Sacerdote, Gerente General de Y-TEC

 

“Para eso se hizo el estudio. Queremos darles a las empresas confiabilidad para tomar decisiones. No es lo mismo que se hable del potencial argentino en un informe de Bloomberg, que no tiene los equipos técnicos necesarios, que un informe de esta complejidad. Ahora podemos tener mucha más confianza porque hemos podido ajustar todo tipo de variables de logística y en toda la cadena”, asegura Santiago Sacerdote.

El Gerente General de Y-TEC, la empresa de investigación y desarrollo que coordinó este espacio colaborativo que reunió a 50 empresas energéticas, sostiene que, si bien los resultados muestran un costo de producción “de los mejores del mundo”, “dada esta ventana de oportunidad, podemos desarrollar tecnología e industria para toda la cadena de valor para no ser solamente exportadores de energía y producir los bienes que se necesitan”.

En ese sentido, observa por delante “una década de validación tecnológica y de escalado”, donde “vamos a ver experiencias y a acompañar a las empresas”. Mientras que el 2021 fue un año de estudio, el 2022 se proyecta como un año de acción donde se pueden empezar a llevar a cabo proyectos pilotos concretos. “Estamos dando asesoría para que puedan estructurar sus pilotos, algunos sinérgicamente entre empresas. Tenemos media docena de iniciativas”, enumera Sacerdote.

No obstante, se trata de proyectos casi de validación tecnológica que tendrán que atravesar una lógica curva de aprendizaje que llevará un tiempo. De hecho, el mercado ni siquiera está desarrollado en el resto del mundo y todavía no existe la tecnología para transportar hidrógeno de forma competitiva a otros continentes a través de barcos.

“Se acaba de hacer la primera experiencia entre Australia y Japón en un barco de licuefacción de hidrogeno. La forma de convertir el hidrogeno en amoníaco podría llegar a ser la más fácil para transportar. Por ejemplo, Japón está probando hacer un blending del 20% de amoníaco en sus centrales térmicas a carbón para ir reduciendo sus emisiones de CO2. Esto lo van a probar en una planta grande de 4 GW, en un plan a 20 años que va a buscar ir escalando este blending y del cual estamos detrás de la posibilidad de que Argentina sea partícipe. Colocaron un pedido para 2027 de participación internacional por 500 mil toneladas año de amoníaco. Sería una forma de estructurar nuestros desarrollos”, anticipa este ingeniero industrial.

La ventaja argentina en esa carrera para convertirse en proveedor mundial de energía limpia, es que puede producir este mismo amoníaco tanto a base de hidrógeno azul como de hidrógeno verde. Según el estudio del Consorcio H2ar, el primero ya alcanzó costos competitivos de entre 1,4 y 1,8 dólares el kg, aunque al producirse a partir de reformado de gas natural con 90% de captura y almacenamiento de carbono, tiene el potencial de reducir sólo el 66% de emisiones equivalente de CO2.

El segundo, en cambio, se produce a partir de electrólisis renovable del agua y tiene una reducción en emisiones de CO2 equivalente del 100%, lo que hace cotizarlo más en el mercado. El problema es que recién podría alcanzar costos competitivos en 2030.

“El mercado va a pagar más caro el amoniaco verde que el azul. La ventaja de Argentina es que puede ofrecer un esquema dual. Tenes dos precios para dos mercados distintos. Vos podrías eventualmente producir amoniaco usando 50% y 50% y abastecés a mercados distintos. La potencialidad que nos da tener los dos recursos en un lugar central como podría ser Bahía Blanca, te permite pensarte como un país con energía baja en carbono en función del mercado. Por eso queremos salir de esa dicotomía entre el hidrógeno verde y el azul, nos interesan los dos”, dice Sacerdote.

 

*EOL/ YTEC