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20 agosto, 2020

UNA RADIOGRAFÍA DEL TEMA

El sexo en cuarentena ya es tema de estudio

Por Verónica Dema

 

El equipo de Medicina Sexual del Hospital Durand realizó una encuesta sobre prácticas sexuales que incluye 2200 testimonios recogidos en seis semanas de cuarentena.
La radiografía es minuciosa acerca del impacto del aislamiento en los hábitos sexuales, los cambios que se produjeron en parejas estables que conviven, en parejas cama afuera y entre solteros. Y también invita a trazar hipótesis de lo que vendrá.

 

Parejas que conviven

 

Según esta encuesta, entre los convivientes en las primeras tres semanas las relaciones sexuales casi no cambiaron, o incluso hubo un leve aumento. En las tres siguientes, en cambio, los encuentros sexuales disminuyeron. Esto, porque a medida que se suman semanas de aislamiento se incrementan sentimientos de distrés, entre los que sobresalen el estrés y la ansiedad (44,8%), la preocupación (28,2%), la incertidumbre (21,2%).

«La OMS plantea una curva invisible en medio de la pandemia, es la que marca la salud mental. Incluso en algunos países que empiezan a controlar los contagios, la curva persiste y tiene que ser abordada», propone el psiquiatra y sexólogo. «La sexualidad no está inscripta sólo en los genitales, sino en la persona y en su contexto. Cuerpo, mente y entorno tienen relevancia, entonces, en un contexto de encierro se puede afectar directamente la sexualidad».

Como contraparte, al consultar qué actividades sexuales aumentaron están los besos (55,2%), las caricias (50,96%) y los abrazos (40,55%). «En medio de la pandemia la gente buscó estar cerca, no perder la intimidad, la ternura, el apego, formas que remiten a vínculos primarios», señala Helien. Por el contrario, otras conductas como el sexo oral, por ejemplo, se redujeron (-37,49%). Esto tiene su explicación en términos físicos y psíquicos: «Con los besos, los abrazos se libera oxitocina, que tiene que ver con el vínculo fundante estable. Ante el estrés, el miedo, la incertidumbre nos protegemos, nos cuidamos nos abrazamos a ese otro que es mi pareja, mi refugio».

 

Menos sexo, más abrazos

 

Una mujer de 30 años, terapista ocupacional que vive en la Capital, sin hijos y convive con pareja estable, sostiene: «Creo que aumentamos la cantidad de mimos por el simple hecho de necesitar ese contacto, abrazo, cariño con otros, es como una contención constante ante este difícil momento. Por otro lado, en lo que respecta a la cantidad de intercambio sexual, cambió para bien porque tenemos más tiempo para conectar y dedicarle a la pareja».

La sexóloga Sandra Magirena hace una lectura de los datos cuantitativos y cualitativos de la investigación del Hospital Durand. «Respecto de la cuestión del aumento de los besos y los abrazos habría que internalizarse en estos vínculos estables para ver a quiénes la cuarentena toma en una relación armónica y con una sexualidad satisfactoria y a quiénes con una relación estable casi de hermandad, compañerismo, donde la pasión de la sexualidad y el juego erótico ya venía disminuido», dice.

«No me arriesgo a pensar que sea un cambio general por la cuarentena. Sí, como muestra el estudio también, al ir profundizándose el aislamiento las personas van teniendo más estrés, ansiedad, temores y eso hace que la afectividad se centre más en este lugar de la protección: se prioriza encontrarse seguro y contenido por otro, más que dar espacio a la pasión y el erotismo, que están ligados a una cuestión descontracturada, de juego, de lujuria».

Un testimonio en este sentido es el de esta mujer, de 33 años, médica con hijos y pareja conviviente en la ciudad de Buenos Aires. «La actividad sexual en mi pareja disminuyó, yo creo que porque las horas de convivencia son mucho mayores y no le dedicamos tiempo a eso. Si bien la relación mutua es muy buena, afectuosa».

El Licenciado en Psicología Alejandro Viedma considera que no es fácil, para muchos, seguir teniendo relaciones sexuales con las mismas ganas y la misma frecuencia de antes, porque el confinamiento atenta contra el erotismo. «Las parejas que están todo el día juntas perdieron algo del extrañarse y a eso se le suman los pesares propios de esta coyuntura, lo que genera angustia, ansiedad, estrés», enumera, en función de la escucha en su consulta, que realiza online. Habla de crisis profundas e, incluso, rupturas durante el aislamiento.

«Esto se vivencia hace varios meses y no se sabe cuánto más llevará. Cuando se altera algo en la psiquis a causa de pensamientos negativos, también puede afectar al organismo. La angustia se siente en el cuerpo, por ejemplo, con un dolor de pecho. Y cuando hablamos de amores o desamores es frecuente escuchar: «Me duele el corazón». También escucho sobre alteraciones en el sueño. Tiene que ver con las preocupaciones y todo lo que conlleva lo incierto».

«Angustia, enojo, estrés, ansiedad todo eso siento. Pasamos por duelos por fallecimiento de familiares, además. Los trabajos virtuales, la sobreexposición a pantallas y el cansancio asimilado a eso. También la desconexión por las pantallas, todo eso redujo la cantidad de relaciones sexuales», expone en la encuesta una docente de 43 años que vive en Córdoba con sus hijos y su pareja.

La sexóloga Magirena se detiene y hace una aclaración respecto de su núcleo de pacientes, las mujeres, que son las que más interesadas están en indagar sobre sexualidad. «Si miramos la evolución del movimiento feminista, que viene fortaleciéndose en los últimos años, vemos que aparecieron más fuertemente reclamos por derechos de equidad de género. Este virus, este tiempo vino a poner un freno a todo esto: porque se plantea el volver al espacio doméstico, quédate en casa, limpiá todo, ayudá a tu hijo en la tarea, dedicate al homeoffice que son trampas que ponen a la mujer en el espacio doméstico tan temido, del cual hizo un esfuerzo soberano para correrse. Ahí hay un espacio de intimidad que pierde la mujer».

Uno de los testimonios recogidos en la encuesta va en ese sentido. Una artista de 49 años que vive en la ciudad de Buenos Aires con su pareja y sus hijos manifiesta una baja en la frecuencia de relaciones sexuales; habla de estrés y ansiedad. Y se explaya: «Estamos demasiado juntes e invadides por las tareas domésticas y familiares. Eso mata el erotismo».

 

Según Magirena, la mujer necesita mucha intimidad para entregarse a una sexualidad plena. «Estar siempre todos en casa implica que, si hay adolescentes dan vuelta hasta las 5 de la mañana, si son chiquitos están con la tarea de la escuela y sus demandas. Es una situación compleja que a la mujer la tiró para atrás en la equidad que venía promulgando».

Una empleada de 51 años que vive en la ciudad de Buenos Aires con su pareja y sus hijos expone: «Hay falta de estímulo por no darle el espacio a lo sexual. Yo me doy cuenta que tengo muchas fantasías que no comunico a mi esposo. Tal vez nos faltaría hablar del tema». En la misma línea se expresa una mujer de 45 años, empleada administrativa de Santa Fe, que convive con sus hijos y su marido: «Bajó la frecuencia de relaciones sexuales y todo tipo de contacto. Siento angustia, enojo, frustración. Me siento muy mal porque no puedo hablarlo con nadie».

La sexóloga menciona una realidad diferente entre las mujeres que no conviven con una pareja. «Este grupo no tiene problemas con el homeoffice, pero están solas y manejan sus dinámicas. En cuanto a su intimidad, si uno mira en la encuesta, la práctica masturbatoria aumentó precisamente en el grupo de mujeres que no convive, lo cual me parece altamente saludable porque la intimidad habilita a tocarse, a descubrirse», señala Magirena. «El imaginario piensa que la mujer sólo tiene sexo por amor, pero no es así. Esta es una muestra realista de que el amor romántico es un invento más para sojuzgar y someter el deseo de la mujer».

Una empresaria de 41 años que vive en la Ciudad de México, sin hijos y sin pareja conviviente, detalla en este relevamiento: «El primer mes estuve con más ansiedad y sin deseo, pero luego retomé el sexo virtual con una pareja ocasional y además la masturbación individual, como siempre lo hice, antes del Covid».

El sexo virtual, una práctica que recomendó el Ministerio de Salud, se utiliza muy poco en la pareja estable conviviente (el 85,7% no lo usa); en cambio, alrededor de un 50% de las parejas que no vive bajo el mismo techo o de los solteros lo practica en alguna de sus formas. Durante la cuarentena, en ambos grupos aumentó esta opción.

 

Sexo virtual en cuarentena

 

Una mujer de 46 años, empleada, que vive en la provincia de Buenos Aires con sus hijos relata: «Tengo una pareja hace 16 años con la que no convivimos. A la pandemia empezamos a transitarla juntos y después por el trabajo se complicó y en la semana estoy en mi casa y los fines de semana nos vemos como siempre, esto hizo que podamos mantener sexo con bastante normalidad. Hubo algún momento de enojo o angustia, pero pasó. Ya teníamos prácticas virtuales esporádicas, pero alguna vez surgió también durante la pandemia. Es importante el contacto con la pareja, las caricias, besos, sobre todo en momentos tan complicados. Así como permitirse, si nos invade la angustia, no tener ganas y buscar solo un abrazo».

 

Personas que no conviven

 

«Después de cuidarnos cada uno por su lado 20 días, comenzamos a juntarnos con mi pareja y tener relaciones varias veces por semana», responde un hombre mendocino de 59 años, que se dedica al rubro de la construcción, que tiene hijos, pero no viven con él.

«Los fines de semana rompo la cuarentena y me encuentro con mi novio, que vive a 10 cuadras; tomo todos los recaudos para no contagiarme en la calle. Me parece lo más saludable tener sexo no virtual. Igualmente, en las últimas dos semanas me bajó la libido drásticamente debido a la angustia que provoca todo esto». La que habla es una mujer de 44 años, empleada, que vive en la ciudad de Buenos Aires con sus hijos y tiene una pareja con la que no convive.

El doctor en Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires Martín Boy, que estudia el impacto de las prácticas sexuales en este tiempo de aislamiento, toma estos testimonios como una foto de lo que ocurre hoy. «En las personas que no conviven o que directamente no tienen parejas estables aparecieron nuevas estrategias para mantener relaciones sexuales con la creencia de que se disminuyen los riesgos», dice.

Pactos de exclusividad

 

Agrega, a modo de ejemplo, que las personas comenzaron a indagar en cómo está cumpliendo con la cuarentena alguien a quien desean ver. «Estas indagaciones apuntan a convencerse de que ver a alguien para tener sexo es más o menos ‘riesgoso’. Estas especulaciones nos hacen acordar a cuando se creía por desinformación que una persona ‘de confianza’ era mucho más improbable que me infecte de VIH. Es decir, que la confianza en el otro vuelve a aparecer como una variable que las personas tienen en cuenta a la hora de decidir si tienen relaciones sexuales de co-presencia o no».

Boy, que participó de un estudio sobre este tema en el Instituto de Investigaciones Gino Germani de la Universidad de Buenos Aires, precisa que también hay personas que conforman «pactos de exclusividad» con otras para mantener prácticas sexuales con menor riesgo. «Lo curioso es que esta exclusividad no está asociada a la monogamia, sino que está relacionada con, en principio, el menor riesgo de contagio de coronavirus», aclara.

Sostiene que, en estos tiempos, aparecieron dos nuevas ideas en torno a la posibilidad de ejercer la sexualidad entre quienes no tienen pareja estable: «Por un lado, están quienes se encuentran con otras personas para tener relaciones sexuales calculando cuántos días pasaron o faltan para asistir a la persona mayor a cargo (usualmente, un familiar). Y también existe el subgrupo de personas que extremaron los cuidados y, debido a que conviven con personas que pertenecen a los grupos de mayor riesgo, decidieron suspender su sexualidad de co-presencia. Esto se transformó en una oportunidad para explorar nuevas o abandonadas prácticas hoy denominadas ‘sexting’. En este sentido, el consumo de pornografía online o mantener relaciones sexuales virtuales con otras personas (conocidas o desconocidas) volvieron a ser hábito».

 

Viedma percibe preocupación en algunos pacientes solteros, que hablan de que se volvió más complicado conocer a alguien y más si se piensa en formar pareja. «Si precuarentena para varios no era sencillo lo afectivo, se preguntan cómo será en el futuro: cómo será la modalidad, qué pasará en lo sexual, que no deja de ser necesario, sobre todo cuando hay ausencia de lo social», dice. Por este motivo, quienes están más alertas a los riesgos y sus miedos son más fuertes que sus necesidades amorosas se vuelcan a ver más porno o al sexting. Están también algunos que no quieren registrar esos límites impuestos por la cuarentena, no les gusta acatar algo que no eligen. «A eso se le suma una soledad fuerte», agrega.

«No mantuve sexo con nadie porque no se puede salir, aunque rompí el aislamiento una vez para tener sexo», comenta una mujer, de 33 años, cuya actividad es independiente, no tiene hijos, ni pareja estable y vive en la provincia de Buenos Aires.

La sexóloga Magirena manifiesta que, entre las mujeres que no tienen pareja, en un alto porcentaje están conociendo gente a través de redes, luego salen a caminar con los barbijos puestos y muchas, una vez que testean que la otra persona no es factor de riesgo y cumple con el aislamiento, llegan a tener relaciones sexuales. «Me parece que va a pasar como con el VIH: al principio se van a evitar los contactos y la gente va a ser más prudente y antes de besar a alguien se va a fijar si en los últimos 14 días esa persona tuvo fiebre, o estuvo con alguien que vino de viaje, pero a medida que vaya pasando el tiempo y el virus se vaya incorporando a la sociedad, se vaya generando inmunidad de rebaño y aparezca la vacuna se va a volver todo a la normalidad».

Los especialistas coinciden en que la humanidad no tiene barreras para el sexo, porque activa el placer y es una práctica que produce una química en el cerebro que lleva al éxtasis, al bienestar y resetea el sistema a un nivel óptimo de equilibrio. Podrían volver a sonar los tambores del sexólogo del Durand. «No sé qué tendría que pasar en el mundo para que se acabe el sexo», cierra Magirena.

 

*LN Data