La misa pagana más grande del mundo es una multitudinaria, extensísima y ruidosa manifestación opositora. El peronismo la vio y la sufre el Gobierno.
Por Juan Rezzano/ LP*
La Argentina que despide al Indio Solari
El pueblo devoto del Indio Solari puso en cadena nacional otra Argentina, una que se lleva pésimo con la que predica Milei -fue toda una experiencia ver el show de malabarismo que debieron ensayar quienes ejercen a diario, en los canales de noticias, vocerías inflamadas del gobierno que aborrece a ese país que cree haber derrotado-.
Es la de quienes no conciben la vida sino en comunión con sus pares.
La de quienes no son capaces de ser felices si sus vecinos la pasan mal.
La de quienes se completan en el vínculo afectuoso y solidario con los otros.
Es la Argentina que le dice a la otra, a la del individualismo y el sálvese quien pueda, que no, que nadie puede salvarse solo.
La despedida del Indio Solari, una revolución
En la Argentina libertaria, el funeral del Indio Solari es una revolución; un rayo de necesaria subversión.
La de una Argentina silenciosa que no tiene capacidad de lobby ni micrófonos poderosos ni estrategias de bigdata.
Es la que necesita la calle para gritar y que cuando sale, grita tan fuerte que hace temblar a la otra.
Por eso el protocolo de vaciamiento del espacio público a palos, balas y gases.
Por eso el Congreso negado para el funeral.
Por eso la despedida del Indio Solari es, hoy, una revolución que trae el perfume de la tempestad.
El rol del peronismo
Sí, claro, el peronismo, que gobierna el conurbano, organizó en Avellaneda el teatro de la rebeldía para asegurarse de que la irrupción de la otra Argentina no terminara en caos y pasto para el León.
Toda movilización popular es política. Y está bien.
«El Indio no murió. Vive en todos nosotros porque nos dio una segunda oportunidad a los que creíamos que no la teníamos», dijo un flaco que paró a hablar con TN después de llorar frente al cajón del ídolo inmortal.
¿Tendrá otra la Argentina?
*LP

