27 agosto, 2025
El retrato de la condesa Colleoni pintado por el italiano Giuseppe Ghislandi (1655-1743), formaba parte de la prestigiosa colección del marchante de arte judío Jacques Goudstikker. Su colección, una de las más importantes de los Países Bajos antes de la guerra, sigue siendo objeto de intensas búsquedas internacionales.
Un cuadro robado durante la Segunda Guerra Mundial por los nazis fue localizado en una vivienda particular en una localidad costera de Argentina, según una investigación publicada por una diario neerlandés.
La obra, un retrato de la condesa Colleoni pintado por el italiano Giuseppe Ghislandi (1655-1743), formaba parte de la prestigiosa colección del marchante de arte judío Jacques Goudstikker, saqueada en Ámsterdam durante la ocupación nazi de 1940 a 1945.
Tras décadas en la lista internacional de arte desaparecido, el cuadro fue hallado colgado en el living de la casa de una de las hijas de Friedrich Kadgien, un exfuncionario nazi que huyó a Sudamérica tras la guerra.
El descubrimiento del cuadro, que lleva más de 80 años desaparecido, se produjo gracias a una combinación de investigación periodística y un golpe de suerte.
Según el diario neerlandés AD, el hallazgo comenzó con una pista proporcionada por Paul Post, un neerlandés jubilado, quien alertó a los periodistas sobre la posible ubicación de la obra.
La confirmación llegó de manera inesperada al revisar una página web inmobiliaria argentina, similar a la plataforma Funda en los Países Bajos, donde la casa de una de las hijas de Kadgien estaba a la venta.
En las fotos del anuncio, el cuadro de Ghislandi aparecía claramente visible, colgado sobre un sofá en el salón de la vivienda.
El equipo de AD, liderado por los periodistas Peter Schouten, John van den Oetelaar y Cyril Rosman, contactó a las hijas de Kadgien en varias ocasiones para indagar sobre el pasado de su padre, un alto funcionario nazi involucrado en los planes económicos del Tercer Reich y miembro de las SS.
Sin embargo, las hermanas se mostraron reacias a hablar. Una de ellas, al ser consultada sobre el cuadro, respondió a través de Instagram: “No sé de qué información hablan ni de qué cuadro se refieren”. Tras recibir preguntas por escrito, afirmó estar demasiado ocupada para responder y cortó todo contacto.
El retrato de Ghislandi, descrito como una obra clave del arte barroco del norte de Italia, fue confiscado durante la guerra de la galería de Jacques Goudstikker, un destacado marchante judío cuya colección de más de 1.100 obras fue saqueada por los nazis tras su huida de los Países Bajos en 1940.
Goudstikker, quien intentó escapar con su familia, murió trágicamente al caer por una escotilla en el barco que lo llevaba a un lugar seguro. Su viuda y su hijo lograron llegar a Estados Unidos con un cuaderno en el que Goudstikker había registrado minuciosamente su colección, un documento clave para rastrear las obras robadas.
Entre los responsables del saqueo estaba Hermann Göring, mariscal del Reich y ávido coleccionista de arte, quien adquirió gran parte de la colección a precios irrisorios.
Sin embargo, documentos oficiales revelan que Friedrich Kadgien, descrito por los aliados como “una serpiente de la peor especie”, se quedó con al menos dos pinturas, incluida la de Ghislandi.
Tras la guerra, Kadgien huyó a Suiza, probablemente utilizando diamantes y obras de arte robadas como moneda de cambio, y luego se estableció en Argentina, donde murió en 1978.
La aparición del cuadro reavivó los esfuerzos de los herederos de Goudstikker por recuperar las obras robadas.
Marei von Saher, nuera de Goudstikker, expresó su compromiso con la causa: “Mi búsqueda de las obras de mi suegro comenzó a finales de los años 90 y no he desistido hasta el día de hoy. El objetivo de mi familia es recuperar cada pieza de la colección robada y restaurar el legado de Jacques”.
Los herederos, representados por un abogado estadounidense, planean reclamar formalmente la obra tras la publicación de AD.
Expertos de la Rijksdienst voor het Cultureel Erfgoed, la agencia neerlandesa encargada de rastrear arte robado, analizaron las imágenes y consideran altamente probable que el cuadro en la vivienda argentina sea el original.
“No hay razones para pensar que se trata de una copia”, afirmaron Annelies Kool y Perry Schrier, especialistas de la institución. Sin embargo, advierten que la restitución podría ser un proceso largo si la actual poseedora no colabora.
La investigación de AD también reveló la posible presencia de otra obra robada en posesión de las hijas de Kadgien: un bodegón floral del pintor neerlandés Abraham Mignon, también registrado como desaparecido en 1946.
Esta pintura, que podría no pertenecer a la colección Goudstikker, fue identificada en una foto publicada en redes sociales por una de las hermanas. Aunque su origen exacto aún no está claro, su presencia refuerza la sospecha de que Kadgien se llevó consigo varias piezas de arte robado al huir a Sudamérica.