Argentina ha logrado una hazaña que desafía las leyes de la lógica económica y la seguridad nacional: sentada sobre la segunda reserva mundial de gas no convencional, el país se prepara para enfrentar un invierno pagando facturas de importación que duplican las del año anterior. Mientras, vendemos gas a los países limítrofes, pero sin resolver el transporte interno
Por Favio Casarin*
Mientras el subsuelo de Vaca Muerta desborda energía, y bate récords de producción, es una de las paradojas más costosas de la política energética argentina la parálisis en la infraestructura de transporte que obliga al Estado a desembolsar cerca de USD 1.200 millones en gas boliviano y GNL de ultramar. Esta cifra no es un costo operativo; es una multa por impericia.
Mientras la Cuenca Neuquina tiene capacidad para inundar de gas la región, el Norte Argentino sigue dependiendo de un contrato con Bolivia que languidece. Es el absurdo de vivir sobre un océano de energía y tener que pedirle un vaso de agua al vecino porque no se terminó de conectar la manguera propia.La cadena de responsabilidades es extensa, pero tiene un punto de partida ineludible en la gestión actual, cuya lectura dogmática de la austeridad ha terminado por generar el gasto que pretendía evitar. A continuación, desglosamos la anatomía de un fracaso anunciado.

El «Ahorro» que nos salió Caro: La Inacción del Presente
La administración actual asumió bajo la premisa de la «Obra Pública Cero». Sin embargo, envueltos en una nebulosa de un debate intrascendente y absurdo sobre Adam Smith, la Escuela Austríaca y Keynes, nunca tuvieron en cuenta de que, en el sector energético, la infraestructura no es un gasto, sino una inversión de retorno cue en divisas. El tiempo perdido, en energía se paga caro, y te golpea sin atenuantes.
La Parálisis de la Reversión: La Reversión del Gasoducto Norte es el eslabón más crítico. A pesar de contar con financiamiento de la CAF, la burocracia del ajuste y la demora en los pagos a contratistas durante los primeros meses del mandato frenaron obras que debían estar listas para este ciclo invernal.
El Costo del Gas Importado: Se paga en divisas un insumo que, si fuera producido y transportado localmente, se pagaría mayoritariamente en pesos, aliviando la presión sobre las reservas del Banco Central.
Costo de Oportunidad: Cada dólar que se va a Bolivia es un dólar que no se invierte en completar la infraestructura que nos daría soberanía. La dependencia de las importaciones no es solo una cuestión de volumen, sino de vulnerabilidad macroeconómica en un contexto de escasez de reservas.
El Dogma vs. La Logística: Confiar ciegamente en que el RIGI o el sector privado resolverían de forma espontánea una obra de transporte estratégica fue un error de diagnóstico temporal. Los ductos tienen tiempos físicos que no se aceleran con decretos. El resultado: hoy se deben quemar dólares de las reservas para importar un recurso que tenemos a pocos kilómetros, pero «atrapado» por falta de caños.
La Obra Pública estigmatizada como déficit: La política de «obra pública cero» o su desfinanciación ha puesto en jaque proyectos que no son simples «gastos», sino inversiones estratégicas con una tasa de retorno inmediata en ahorro de divisas. Frenar una obra que está a medio terminar para ahorrar pesos hoy, mientras se pierden dólares mañana comprando gas afuera, es una aritmética difícil de defender desde la eficiencia técnica.
Anatomía de la Crisis Energética
Déficit de Transporte: El cuello de botella que impide llevar el gas de Neuquén al NOA.
Drenaje de Reservas: Pagos de GNL a precios internacionales por falta de infraestructura local.
Riesgo Geopolítico: Dependencia de cuencas extranjeras en declive terminal.
Miopía Fiscal: El alto costo de confundir gasto corriente con inversión estratégica.

La Herencia del «Lanzamiento Tardío»
La falta de soberanía energética en el Norte no es un accidente, sino el resultado de una gestión administrativa deficiente, que atraviesa varias administraciones.
Si bien la gestión actual de gobierno detuvo el motor, la anterior lo encendió cuando ya era tarde. La licitación de la Reversión del Norte se lanzó recién en agosto de 2023, en un contexto electoral y tras años de postergación.
Negacionismo Geológico: El gobierno anterior ignoró sistemáticamente el declive terminal de las cuencas bolivianas, un dato técnico conocido desde hace casi una década. Se prefirió seguir apostando a un socio que se quedaba sin gas en lugar de acelerar la conexión de Vaca Muerta con el Noroeste Argentino (NOA).
Cepo y Suministros: Las restricciones a las importaciones entre 2022 y 2023 dificultaron la llegada de componentes críticos para las plantas compresoras, dejando el sistema en una vulnerabilidad extrema.
La Trampa Geopolítica: Rehenes del Estrecho de Ormuz
Argentina llega a este invierno expuesta a la volatilidad del mercado internacional. El conflicto en Medio Oriente ha disparado los precios del GNL, y al no tener terminadas las obras internas, el país actúa como un comprador de emergencia.
Depender de importaciones a precios de crisis mientras se tiene el recurso propio bajo tierra es la definición técnica de una soberanía energética fallida. Cada dólar extra pagado por el gas importado es un dólar que no se utilizó para terminar la infraestructura que nos haría independientes.
El fracaso es estrepitoso, desde donde se lo mire, y más aún porque las alarmas sonaron en una reunión al parecer de sordos.
Cuáles pueden ser los escenarios inmediatos
Escenario A: Soberanía Real: Finalización urgente de la Reversión del Norte. Vaca Muerta abastece a todo el país, eliminando la sangría de dólares y bajando el costo de generación.
Escenario B: Crisis Persistente: Mantenimiento del esquema de importación de emergencia. El Banco Central sigue perdiendo reservas por un recurso que sobra bajo tierra.
El Sector Privado y el Laberinto Regulatorio
Las empresas transportistas y las operadoras tampoco son ajenas. Años de señales de precios distorsionadas y marcos regulatorios inestables generaron un clima donde la inversión propia en expansión se redujo al mínimo mantenimiento. La falta de un sendero de precios claro y la incertidumbre sobre la libre disponibilidad del recurso han hecho que, ante la primera duda de pago estatal, las obras se ralenticen.
La Reversión del Gasoducto Norte como Imperativo
La solución no es geológica (el gas está), sino de ingeniería y voluntad política. La reversión permitiría llevar el gas de Vaca Muerta hacia las provincias del NOA, sustituyendo no solo el gas boliviano, sino también el uso de combustibles líquidos más caros y contaminantes para la generación eléctrica.
En definitiva, la persistencia en la compra de gas a Bolivia es el síntoma de un Estado que, históricamente, ha fallado en transformar su riqueza natural en un activo estratégico, prefiriendo la solución coyuntural y costosa de la importación antes que la planificación a largo plazo de su propia infraestructura.
La Urgencia de una Política de Estado
El caso del gas argentino es el ejemplo perfecto de cómo la miopía fiscal puede derivar en un desastre financiero. El país está pagando el doble por el gas no por falta de moléculas, sino por falta de visión.
La finalización de la Reversión del Gasoducto Norte y de las etapas pendientes del sistema de transporte nacional no son discutibles bajo ninguna bandera política; son la única vía para dejar de financiar la ineficiencia con fondos que el Banco Central no tiene. Mientras no se entienda que la energía requiere una planificación que trascienda los turnos presidenciales, Argentina seguirá siendo un mendigo sentado en un trono de oro, pagando precios de guerra por un calor que ya posee bajo sus pies.
*Agenda Industrial/ Favio Casarin es especialista en minería, petróleo y energía / Profesor universitario de grado y posgrado. Especialista y consultor en derecho minero, derecho ambiental y geopolítica de la energía.
