La cruzada moral libertaria vuelve como un bumeran en medio del desempleo, el aumento de precios y el endeudamiento de familias y pymes. Trump, Irán y el doble impacto de la guerra en Argentina. Lule Menem, jefe de gabinete en las sombras. El outsider con el que fantasea Macri.
Por Diego Genoud/ED*
Si no reacciona rápido, a Javier Milei lo van a matar sus dogmas. La recesión inducida que destruye empleo de calidad sin compensación, la voluntad del puro mercado que dispara el precio de las naftas y presiona sobre la inflación de marzo, la cruzada moral sobreactuada que ahora le pega como un bumerán en la frente, el pleno de apostar su propio gobierno a ser el groupie de Donald Trump; toda esa religión que Milei abrazó está detonando su base de sustentación social.
Con la guerra en Medio Oriente, el republicano cayó en su propia trampa y entró en una dimensión donde no controla la situación ni puede fijar la duración del conflicto. El tiempo le juega en contra. Trump ignoró una máxima que repiten sus rivales y le puede costar cara: la mitad del triunfo es conocer a tu enemigo. Todo indica que el salvador de Milei pecó, una vez más, de omnipotencia. El proyecto de La Libertad Avanza sufre las réplicas y queda afectado por partida doble: en lo económico y en lo político.
El ataque de Irán a la planta de Gas Natural Licuado más grande del planeta, Ras Laffan en Qatar, sacó de circulación entre el 15 y el 20% del GNL mundial por un período de entre tres y cinco años, lo que puede demandar su reparación si no sufre nuevos bombardeos.
En el corto plazo, la guerra beneficia a las petroleras pero eleva la inflación y conspira contra los consumidores que van a ir a votar en noviembre. Trump necesitaba el GNL de Qatar -el segundo mayor exportador del planeta detrás de EU- para abastecer la red eléctrica de Taiwán, donde se fabrican casi todos los semiconductores de alta gama que usa Estados Unidos.
De gira permanente, Milei entró en su tercer año de gobierno con indicadores negativos. Los datos de una economía que combina desocupación en alza, precios que suben más de lo esperado y altísima morosidad son el escenario sobre el que impactan las revelaciones de El Destape sobre el caso Libra y la suerte de Manuel Adorni, deslomado entre Nueva York, Punta del Este y su country de Exaltación de la Cruz. Adorni no estaba capacitado para ser más que un vocero.
En el marco de un poder hiperconcentrado como tal vez nunca se vio, su nombramiento como jefe de gabinete respondió a la necesidad de Karina Milei. El reemplazante de Guillermo Francos cumplió siempre la función de transmitir hacia afuera decisiones que se tomaban adentro y en las que no tenía incidencia.
Cebado por el mal cálculo de los inquilinos que se creen dueños del poder, Adorni levantó vuelo hasta que chocó. La saga de sus viajes y gastos lo deja como vocero mudo, sin voz autorizada para poner fin a discusiones que no están saldadas. Entre sospechas de conspiraciones internas, en un mercado del espionaje que está cada vez más activo, se filtra la preocupación porque las encuestas muestran a Milei en caída, arruinando las expectativas que había generado.
En el Karina-menemismo reconocen que Adorni está golpeado pero repiten que la decisión hasta nuevo aviso es sostenerlo. Echar a Adorni por sus fechorías en medio de la información que surge del teléfono explosivo de Mauricio Novelli sería un castigo excesivo. Antes deberían renunciar los Milei.
En línea con un presidente que se dedica a viajar y disertar, Adorni nunca actuó como ministro coordinador. Si la hermana presidencial es la que tiene a su cargo las riendas del gobierno, el rol de jefe de gabinete en las sombras lo ocupa desde noviembre del año pasado Eduardo “Lule” Menem, el mayor exponente de un clan que vive su segunda temporada en el poder.
Reverso opuesto de Adorni, de extremo perfil bajo y con experiencia política, Lule sobrevivió a los audios de Spagnuolo y acumula atribuciones en paralelo al retroceso de Santiago Caputo, el primer ministro que no fue. El sobrino del hermano Eduardo se quedó en los últimos días con la colina de la Anses y su nombre circula como eventual jefe de la SIDE.
Sin embargo, sus funciones exceden los límites de un área específica. Al subsecretario de Gestión Institucional de la Presidencia le atribuyen diálogo directo con Horacio Rosatti y Ricardo Lorenzetti. Además, es el encargado de armar y recaudar para La Libertad Avanza en todo el país. ¿Lule puede asumir una función de mayor visibilidad o prefiere seguir así, con un Adorni que se lleva la marca?
En un juego autodestructivo, el área que todavía no pudo conquistar Karina tiene límites precisos: la SIDE, el ARCA de Andrés Vázquez, YPF y el ministerio de Salud de Mario Lugones.
Cerca de Santiago Caputo algunos sostienen que no se va a ir a ningún lado. “No les va a dar el gusto”, repiten. Otros que se pretenden neutrales dicen que no tiene destino fuera del gobierno. “¿A dónde se va a ir? Si se va, no le suenan más los teléfonos”. Pero lo cierto es que Milei lo necesita y no tiene a nadie que pueda cumplir su rol.
