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Última actualización: 27/10/2026 19:45:55

OPINIÓN| Chubut electoral: El gobernador, los intendentes y el calendario de las conveniencias

OPINIÓN| Chubut electoral: El gobernador, los intendentes y el calendario de las conveniencias

Comodoro, Trelew y un posible acuerdo con Milei explican la discusión electoral de Chubut. Detrás de las fechas hay una pregunta concreta: quién suma votos y quién empieza a ser una carga.

Por Pablo Das Neves*

En Chubut, la discusión electoral de 2027 ya empezó. Ignacio Torres anunció que quiere separar la elección provincial de la nacional y mencionó agosto como una posibilidad. Falta definir la fecha y, sobre todo, resolver qué harán los municipios. Ahí está la parte más interesante del asunto.

Separar elecciones permite elegir de qué se habla durante la campaña. También permite decidir con quién conviene compartir la boleta y de quién es mejor tomar distancia.

Torres tiene razones para discutir Chubut sin quedar atrapado en la pelea nacional. Pero también tiene motivos para evitar que algunas gestiones municipales se conviertan en una carga. Comodoro y Trelew muestran dos problemas distintos: en una ciudad le falta consolidar una alternativa propia; en la otra, el riesgo viene de un aliado.

El problema de Torres en Comodoro es la distancia entre su capacidad para conseguir votos y la fortaleza de su oferta municipal. Si el gobernador mide mejor que quienes podrían acompañarlo, juntar las elecciones puede obligarlo a sostener una candidatura que le quite más de lo que le aporta.

En ese escenario, una convivencia con Othar Macharashvili tiene sentido. Torres evita una pelea municipal incierta y Othar conserva un vínculo con Provincia que necesita para gobernar y negociar su futuro. Win-Win solution.

Pero Othar tampoco entregó todas sus cartas. Su acercamiento público con Juan Pablo Luque muestra que mantiene abierta la conversación dentro del peronismo. La relación con Torres puede ser útil sin convertirse en una alianza electoral definitiva.

Una de las combinaciones posibles sería llevar la elección municipal al turno nacional y asi Othar pelear un lugar competitivo en una lista al Congreso. No hay elementos públicos suficientes para presentar ese intercambio como un pacto cerrado. Como esquema de conveniencias, funciona: el intendente encuentra una salida elegante y Torres se presenta a la provincial sin cargar con la discusión municipal comodorense.

El problema es Luque. El artículo 76 del Código Electoral provincial prohíbe candidaturas simultáneas, pero no toda candidatura sucesiva dentro del mismo año. Luque podria jugar la gobernacion o la intendencia sin necesidad de elegir una de ellas. Seria una solucion para el PJ comodorense, temeroso hoy de una derrota.

De todas maneras, una competencia por la gobernación seguida de otra por la intendencia debe evaluarse según las reglas municipales y el cierre de listas. El artículo 72 fija ese cierre en 65 días para los procesos regidos por el Código provincial.

Por eso, no alcanza con decir “provinciales en agosto y municipales en octubre”. Hay que mirar los días exactos. Si la inscripción municipal cierra antes de que se conozca el resultado provincial, la segunda oportunidad deja de ser una decisión que pueda tomarse después de perder.

Si los plazos lo permiten, Torres podría terminar facilitándole a Luque dos intentos: primero la gobernación y después Comodoro. Una derrota provincial tendría un costo, claro. Pero conservar una alternativa municipal también le da al exintendente más fuerza para negociar antes de que se vote.

La boleta única modifica esta discusión. Los artículos 45 y 47 de la Ley XII Nº 21 establecen una boleta de papel con opciones por categoría y un casillero de lista completa. El artículo 48 contempla las categorías municipales cuando corresponda. Trelew incorporó el sistema mediante la Ordenanza 14.036.

Esto permite acompañar a un gobernador y elegir otro intendente sin andar cortando papeles. Pero también conserva una herramienta para pedir el voto conjunto: marcar lista completa.

Para Torres, las dos posibilidades importan. Puede intentar que su nombre empuje a sus candidatos municipales o aceptar que una parte de sus votantes arme una combinación distinta. La conveniencia depende de cuánto aporte cada candidato y cuánto rechazo genere.

La boleta única también cambia el valor del aparato. Pierde peso la logística de imprimir, repartir y reponer boletas partidarias. Sigue contando la organización territorial: hablar con vecinos, conseguir fiscales, explicar cómo se vota y sostener la participación.

Un intendente puede tener mala imagen y conservar una estructura que al gobernador le sirve. Y un candidato puede medir bien sin tener gente suficiente para cubrir una elección. Separar los comicios obliga a negociar ese trabajo dos veces. Si el municipio juega después, sus dirigentes pueden reservar energías para su propia pelea.

El calendario también reparte incentivos. Un aliado que se siente abandonado no necesariamente rompe en público. A veces alcanza con que deje de militar con ganas.

En Trelew, Merino tiene un problema que venimos advirtiendo. La comparación con Maderna ya no alcanza como excusa: debe mostrar resultados propios. La herencia recibida sirve para explicar el punto de partida. Después de varios años, pierde fuerza como explicación del presente.

La ciudad valletana sostiene un fuerte reclamo en materia de seguridad. En esta materia, el costo se reparte. Los reclamos de comerciantes y vecinos golpean al intendente, aunque la conducción policial dependa de la provincia.

Ahí aparece Héctor Iturrioz. Y para discutir su gestión conviene mirar los números.

Según la ejecución oficial al 30 de junio de 2026, la finalidad Servicios de Seguridad tenía un crédito vigente de $292.726 millones y un gasto devengado de $141.993 millones: el 48,5%. Sin embargo, ese promedio esconde una diferencia importante. Personal llevaba ejecutado el 52,6%, bienes y servicios el 24,5% y gasto de capital apenas el 9,5%. De los $5.322 millones presupuestados para capital, se habían devengado solamente $508 millones.

Mientras los salarios sostenían la ejecución general, la inversión quedaba muy atrás. Había $4.814 millones de crédito de capital todavía sin devengar.

El cierre de 2025 tampoco permite despachar el problema como una simple foto de mitad de año. De $4.374 millones de crédito vigente para gasto de capital en Seguridad, se devengaron $2.725 millones, el 62,3%. Quedaron sin ejecutar aproximadamente $1.650 millones, equivalentes al 37,7% de lo previsto.

La provincia toma nota de los reclamos trelewenses y asigna recursos, pero una parte importante de la inversión queda en el presupuesto. Iturrioz tiene que explicar dónde se traba: disponibilidad financiera, compras, licitaciones, entregas o, simplemente, su incapacidad de gestión.

Al igual que Merino, Iturrioz se quita el problema asignándolo a la justicia y al Ministerio Público Fiscal. Pero lo cierto es que existe una falla concreta en la ejecución de la inversión, tan necesaria en seguridad.

Para Torres, el problema es doble. Puede intentar despegar su elección de Merino, pero Iturrioz sigue siendo su ministro. Separar las urnas no alcanza.

Y Merino tampoco es un intendente cualquiera dentro del frente: preside la UCR provincial y ratificó su alineamiento con el gobernador. Dejarlo librado a su suerte tendría un costo dentro de la coalición. Una separación negociada puede administrarse; una que huela a abandono puede abrir una pelea bastante más grande que Trelew.

La vuelta de Maderna puede darle aire. El exintendente confirmó que quiere competir nuevamente, y su presencia permite correr el debate hacia una comparación que al oficialismo le resulta cómoda.

Con Maderna enfrente, Merino puede pedir que no vuelva el pasado. Sin Maderna, tiene que explicar con más detalle qué hizo con el presente.

No hace falta demostrar un acuerdo detras de esa coyuntura para advertir ese efecto. La candidatura del exintendente puede dividir a la oposición y mejorar la posición relativa del actual. Ser funcional a alguien no exige necesariamente trabajar para él. Pero todos sabemos que aunque no existan las brujas, que las hay, las hay.

Coliñir, mientras tanto, sigue teniendo que convertir presencia política en una alternativa que entusiasme fuera de su espacio. El desgaste oficialista no se transforma solo en votos opositores.

Massoni enfrenta un problema distinto. Sus intentos recientes de convertir exposición en un cargo electivo terminaron en derrota: quedó afuera del Senado en 2021, cuando su fuerza salió cuarta, y perdió frente a Merino la interna de 2023. Las urnas vienen desmintiendo la fortaleza que proyecta en los medios.

Su estilo sobreactuado tampoco ayuda a construir una imagen de seriedad. Puede llamar la atención, expresar bronca y conseguir que se hable de él. Otra cosa es convencer a los vecinos de que puede administrar la ciudad. Massoni vuelve a aparecer como candidato fuerte en la conversación política. Todavía le falta que esa fortaleza aparezca cuando se cuenten los votos.

Sobre este mapa se superpone La Libertad Avanza. Torres ya dijo públicamente que considera viable un acuerdo y que podría acompañar la reelección de Milei bajo determinadas condiciones. También se publicaron versiones sobre una negociación para que LLA no presente candidato propio a gobernador. Eso acredita conversaciones y posibilidades, no un acuerdo definitivo.

Incluso si hubiera un entendimiento político avanzado, Torres tendría motivos para demorar su exposición hasta ver cómo llega Milei. Si el Presidente suma, la foto conjunta vale. Si resta, conviene preservar la identidad provincial y reducir el acuerdo a apoyos más discretos.

El desdoblamiento permite esa flexibilidad: competir primero con una marca chubutense y negociar después el acompañamiento nacional. También podría facilitar un entendimiento por el cual los libertarios eviten disputarle la gobernación y reciban espacio en otras categorías.

Pero “esperar hasta el final” tiene límites. El artículo 59 del Código exige convocar con al menos 120 días y prevé hasta 30 días posteriores para la adhesión municipal. Además, el artículo 27 de la Ley XII Nº 23 exige solicitar el reconocimiento de una alianza provincial por lo menos tres meses antes de la elección. La foto puede demorarse más que los papeles.

Tampoco sería sencillo resolver todo con distintas listas llevando al mismo gobernador. El artículo 76 restringe la duplicación de candidaturas y listas entre agrupaciones. Un entendimiento debe encontrar una forma legal concreta.

En Comodoro, un acuerdo con LLA podría ahorrarle a Torres otro competidor provincial, pero no le fabrica por sí solo un candidato municipal. En Trelew, podría ordenar parte del voto que reclama una opción más dura, aunque también obligaría a discutir candidaturas y lugares con la UCR.

Y ahí vuelve Merino. Cuanto más amplio sea el acuerdo de Torres, más gente tendrá que acomodar. El gobernador puede sumar socios y, al mismo tiempo, complicar a quienes lo acompañan desde el comienzo.

La apuesta sería llegar a la elección provincial con la menor cantidad posible de rivales competitivos y la menor carga posible de gestiones desgastadas. Para eso, Torres necesita manejar los tiempos de Othar, contener a Merino, evitar que el calendario le regale una segunda oportunidad a Luque y conservar margen frente a Milei.

Es una negociación difícil. Y tiene un límite bastante terrenal: mientras la dirigencia calcula qué domingo le conviene, los vecinos siguen esperando que la gestión funcione el resto de la semana.