Dólar Oficial $1358 $1409
Última actualización: 06/05/2026 15:30:53

¿Tenemos dos órganos «nuevos»?: Dónde están, para qué sirven y cómo cuidarlos

¿Tenemos dos órganos «nuevos»?: Dónde están, para qué sirven y cómo cuidarlos

Siempre han estado ahí, pero las técnicas de imagen no permitían verlos o no se les daba importancia. Ambos la tienen, y mucha, porque permiten conectar distintas áreas del cuerpo e, incluso, mejorar las defensas, la digestión o la hinchazón.

Dra. Blanca Rodríguez Ayala*

No han aparecido de la nada; estos dos sistemas han estado siempre en nuestro interior, pero se pensaba que no eran importantes. Hasta hace unos años… cuando fueron reconocidos como órganos independientes, y no como parte de otras estructuras.

Ambos poseen funciones esenciales, específicas y complejas, y participan en procesos tan importantes como los inflamatorios, los inmunológicos o la cantidad de líquidos que retiene el cuerpo.

El mesenterio

En el siglo XVI, Leonardo da Vinci ya mencionó este tejido en uno de sus tratados sobre anatomía, pero no se detuvo mucho en él porque consideró que eran pliegues de tejido discontinuo, sin ninguna trascendencia médica.

Hace tan solo una década, unos científicos irlandeses vieron con otros ojos esta capa de tejido plegado casi en forma de acordeón o de abanico que, en realidad, durante el desarrollo del feto se forma antes que otras muchas estructuras del abdomen. Aquellos expertos comprobaron que era un órgano digestivo más, uno que conecta intestinos y abdomen.

Esta capa de tejido nace en la parte posterior del abdomen, cerca de un vaso sanguíneo importante llamado arteria mesentérica superior; y desde allí se prolonga –en espiral– cubriendo los intestinos. Si se pudiera extender, ocuparía, en una persona adulta, casi 2 metros de largo.

Qué funciones tiene el mesenterio

1. Unir el intestino y parte del colon a la pared abdominal
Su función principal es unir el intestino delgado (yeyuno e íleon), y parte del colon, con la pared abdominal posterior. Gracias a eso, tanto los intestinos como la pared abdominal (además de hígado, bazo y páncreas) se mantienen en su sitio y no se descuelgan ni colapsan en la zona de la pelvis.

2. Función protectora
Tiene, además, una función protectora: como está compuesto en gran parte de grasa (junto con tejido conectivo), sirve de amortiguación a los vasos sanguíneos, los conductos linfáticos y los nervios que se unen a él y que discurren por esa área, alimentando a los órganos abdominales.

Una protección similar hace con el estómago, impidiendo que cualquier golpe pueda dañarlo. Y aún más: evita que los órganos rocen entre ellos con el movimiento, como podría suceder durante la digestión o al hacer ejercicio físico.

Haber descubierto su importancia ha sido fundamental para entender mejor cómo se producen algunas enfermedades del sistema digestivo y profundizar en sus tratamientos.

Y es que también ayuda a conocer más a fondo la respuesta inmunológica e inflamatoria de nuestro cuerpo, porque este tejido alberga numerosos ganglios linfáticos que actúan como un filtro para detener posibles infecciones intestinales, además de controlar que las células dañadas (inflamadas o cancerosas) migren a otras zonas del organismo, causando un daño mayor.

El intersticio

Este otro tejido se localiza también en el sistema digestivo pero, al contrario que el anterior, se extiende mucho más allá. Fue identificado no hace demasiado tiempo por un grupo de patólogos de la Universidad de Nueva York (EE. UU.).

Hasta entonces se hablaba de espacio intersticial (entre las células), pero ellos lo definieron como un recubrimiento que abarca casi toda la superficie de nuestro cuerpo.

Se trata de una red de tejidos interconectados (como si de una malla se tratara) llenos de fluidos, y están tanto dentro de los tejidos del cuerpo como entre ellos. Se sostienen gracias a una red de proteínas de colágeno y elastina.

¿Qué hace este tejido?

El intersticio está bajo la piel, donde ayuda a amortiguar movimientos y contribuye a que sea elástica y se vea joven y tersa; en el tracto digestivo, desde el esófago hasta el intestino; en los pulmones, para ayudar a que se expandan al respirar; en el sistema urinario (vejiga, uréteres y riñones); en arterias, venas y vasos linfáticos (facilita el intercambio de nutrientes y de células inmunitarias), y en músculos y tejidos blandos como fascias para prevenir desgarros al realizar, quizá, un esfuerzo.

Además, drena fluidos (linfa) en el sistema linfático mesentérico (el intersticio concentra un 20 % del agua total del organismo). Y ahí encontramos la conexión entre los dos “nuevos” órganos. Por este motivo, tanto el uno como el otro contribuyen a que el cuerpo no retenga líquidos, no se inflame ni tengamos una inmunidad débil.

Funciones del intersticio

Sus funciones son, por lo tanto, muchas y muy diversas:

  • Actúa como protector y amortiguador para que los tejidos no reciban grandes impactos (lo consigue al contener compartimentos llenos de fluidos).
  • Tiene función depuradora, ya que está directamente relacionado con el sistema linfático y con la eliminación de residuos del cuerpo.
  • Cumple también un rol regulador de todo el organismo: elimina el exceso de líquidos y, al mismo tiempo, evita una posible deshidratación.
  • Por si fuera poco, transporta células inmunológicas que llegan allí donde se las necesita y ayuda a nutrir y oxigenar células y tejidos.

Cuídalos desde dentro

La salud del mesenterio depende, como la de otros órganos, de mantener un buen equilibrio digestivo y libre de inflamación. Para ello, procura priorizar los siguientes alimentos:

  • Grasas saludables, como aceite de oliva virgen extra (AOVE) en crudo, o virgen si es para cocinar, junto con frutos secos y pescado azul para rebajar el riesgo de inflamación crónica.
  • Verdura, fruta y legumbres. Su fibra ayuda a evitar el estreñimiento que, si es continuo, acaba suponiendo una agresión para esta cubierta intestinal, y la altera.
  • Los fermentados, como el kéfir o el chucrut, benefician a todo el sistema intestinal y, por lo tanto, también a este recubrimiento de grasa y tejido conectivo de los intestinos.
  • Cereales, siempre integrales. Tomarlos en lugar de los granos refinados (sin sus capas externas, donde se concentra la fibra) es otra manera de aumentar nuestra salud intestinal.
    grasas saludables

Hábitos que mejoran el espacio intersticial

Estos tres consejos cuidan tu cuerpo y, especialmente, este tejido:

1. Modera el consumo de sal
Una dieta alta en productos con gran contenido en sodio favorece la retención hídrica en el espacio intersticial, lo que genera presión sobre las células e hinchazón.

Añade mejor especias y hierbas aromáticas a tus platos, cítricos como el limón, o vinagre de manzana sin filtrar.

2. Bebe suficiente agua
Si bebes poco, la capacidad del líquido intersticial para transportar nutrientes se altera y aparece la hinchazón, sobre todo en piernas, manos y cara.

Para prevenirlo, bebe suficiente agua a lo largo de la jornada, mejor pequeños sorbos de forma regular que pocas veces y en grandes cantidades.

3. Dale movimiento a tu vida
El sedentarismo (no llegar a los 150 minutos de ejercicio cardiovascular y al menos 30 minutos de fuerza dos veces por semana) va dañando todo nuestro organismo, también estos importantes sistemas.

La falta de ejercicio físico ralentiza la circulación de los líquidos del cuerpo, lo que se acaba traduciendo en una inflamación crónica de bajo grado que puede afectar a la salud general (cansancio permanente e injustificado a pesar de haber dormido) y, particularmente, a la digestiva (gases e hinchazón).

Realizando ejercicio físico de forma habitual, mejoras la circulación linfática y facilitas la eliminación de líquidos y toxinas.

Ejercicios que activan ambos sistemas

Determinados ejercicios suponen una estimulación mecánica que sienta muy bien a los tejidos internos en general, y a estos dos sistemas en particular.

La compresión abdominal rítmica que se consigue, por ejemplo, al caminar a ritmo vivo, al trotar o al hacer determinados estiramientos y posturas de yoga (que impliquen, por ejemplo, una ligera torsión), supone una especie de masaje interno que contribuye a impulsar el líquido intersticial hacia los vasos linfáticos y también a evitar el estreñimiento y a tener una mejor salud intestinal.

Esos dos ejercicios, realizados por la mañana y por la tarde, pueden lograr esa mejoría.

Además, caminatas a paso marcial y ejercicios de piso complementan la salud de estos organos.

 

*SV

*La Dra. Rodríguez- Ayala es licenciada en medicina por la Universidad Complutense de Madrid y Magíster en Valoración del Daño Corporal.